Píldoras

21.VII.2024Pésame

Estamos impactados por la pérdida, por dos ausencias casi inmediatas y que nos han producido un gran vacío: la de nuestra Presidenta, María José García-Morato Gálvez (12 de julio) y la de nuestro primer Postulador diocesano, Francisco García Mota (15 de julio).

Reflexionar sobre la muerte y la vida me ha traído a la memoria una escena de la vida de Gálvez que caracteriza bastante bien su personalidad. La relató el nieto de un testigo presencial de la misma, con ocasión de un evento en el Colegio Médico conmemorativo de la figura del Siervo de Dios.

La escena se desarrolló también, como ahora, en pleno verano, uno de estos días en que en Málaga el sol abrasa y apenas es respirable el aire. Era agosto de 1936. Un mes atrás había estallado el Alzamiento y en nuestra ciudad se habían instalado el caos y la violencia. El Comité de Salud Pública había asumido funciones de policía y judiciales, el Gobierno Civil estaba desbordado, y los asesinatos y rapiñas eran constantes. En este clima de anarquía y terror, Gálvez intentaba mantener la normalidad acudiendo al Hospital a diario con sus casi 70 años para hacer lo que mejor sabía: traer vidas al mundo y salvarlas de la muerte.

José Gálvez tuvo conocimiento de que había fallecido por causas naturales un conocido izquierdista, al que él sinceramente apreciaba y respetaba, y decidió ir al entierro para presentar sus respetos a la familia del difunto.

El cortejo se fue desplazando lentamente hacia el cementerio, acompañado por dos grupos tremendamente desiguales: por una de las aceras, la que estaba en sombra, caminaba una multitud de amigos y camaradas del fallecido, descamisados, muchos con pañuelos rojos.

Por la otra, la calcinada por el sol, iba un solo hombre, de riguroso luto, sudando copiosamente bajo su traje negro; un médico que valoraba más el respeto que profesaba a la memoria de su amigo que a su propia vida, gravemente amenazada. Uno de los de la acera en sombra murmuró: «¿pero todavía está vivo este tío?». Sin embargo, los propios milicianos le exigieron respeto, y nadie increpó a Gálvez Ginachero.

Finalmente enterraron al finado, y Gálvez se marchó, caminando solitario bajo el sol abrasador, de nuevo a seguir con su vida y a cuidar sus enfermos.

Hemos perdido este verano a María José y a Francisco. Los que seguimos aún aquí peregrinando, presentemos nuestro más profundo respeto a los que se fueron, y continuemos trabajando por la vida, iluminados por su ejemplo y su imborrable recuerdo.

Entre los que se fueron, por estas avenidas
voy más llena que nunca. Roza la primavera
mi piel como un anuncio de lo que se avecine.
Mármoles y naranjos, el rumor de una abeja
y un silencio tan solo comparable al momento
en que van a cruzarse dos predestinaciones.
Narcisos dejaré más allá de esta hora
y que toquen sus pétalos nombres entrelazados.
Fuera de este recinto está el vacío sobre
la ciudad anhelante a cuya luz me encuentro
con el significado preciso de la vida
como un libro que abriese de par en par sus verjas.

(María Victoria Atencia)

7.VII.2024Cambio de rumbo

Inicialmente, Gálvez se empezó a especializar en las enfermedades de la garganta, y de hecho marchó becado a Paris a estudiar especialmente la difteria, que hacía estragos en aquella época.

Esta enfermedad, típica de la infancia y altamente contagiosa, asfixiaba a los que la padecían, y era llamada «garrotillo» en España por la semejanza de las caras y semblantes de los que fallecían por su causa con la de los condenados a muerte por el garrote vil.

Archivo Histórico Diocesano, Obispado de Málaga

«Copia de la R. O. – S. M. el rey (q. D. g.) y en su nombre la Reina Regente del Reino ha tenido a bien comisionar a don José Gálvez Ginachero, Doctor en Medicina, para que complete sus estudios en el extrangero acerca de las enfermedades de la garganta y especialmente de la difteria concediéndole al propio tiempo como indemnización de gastos de viaje y estancia la cantidad de 2.000 pesetas que se librarán desde luego a favor del Habilitado de este ministerio con cargo al capítulo 13 artículo 7º concepto 1º del presupuesto vigente.- De real orden le digo V. S. I. para su conocimiento y efectos consiguientes.-Dios guarde a V. S. I. muchos años. Madrid 25 de agosto de 1891 – Santos Irana – Señor Director General de Instrucción Pública
Fórmula del recibo – He recibido de don Luis fraile, Habilitado del Ministerio de Fomento la cantidad de dos mil pesetas que por Real Orden del 25 de Agosto de 1891 me ha sido concedida para completar en el extranjero mis estudios acerca de las enfermedades de la garganta y especialmente de la difteria, con cargo al capítulo 13 artículo 7º concepto 1º del presupuesto vigente. – París – de Septiembre de 1891.»

A principios de siglo XX, la difteria era la décima causa de muerte en el mundo, declinando a partir de la introducción de la vacuna, en 1923. En España, en 1941, cuando aún vivía Gálvez, la incidencia media anual de difteria era de 1.000 casos por cada 100.000 habitantes. Tras las vacunaciones masivas, a partir de 1945 y sobre todo de 1965, caen las infecciones a 0,10 casos por 100.000 habitantes.

Como bien sabemos, gracias a su madre Gálvez reorientó su vocación a la ginecología y la obstetricia.

Lógicamente, como médico de la época tendría que convivir en ocasiones con esa terrible enfermedad. ¿Os acordáis de la carta de Rafael Medinalmaría, el que decía tras la muerte de Gálvez que «hay personas que no deberían morirse nunca»? Uno de los párrafos recordaba una fiesta de cumpleaños que le habían organizado sus hijas al buen doctor:

«Cuando más contentos estaban, se presentó un chiquillo a llamarle.
-¿Qué te pasa, chiquillo?
-Que mi hermanito pequeño se ha echado a morir y me manda mi madre por si puede V. ir a verlo”
-¿Cómo que si puedo?, aguárdate que me voy contigo.
-Pero papá-clamaban sus hijas- ¿se va V. a marchar desairando a todo el mundo? ¡Ni el día de su cumpleaños puede descansar!
-Mira, si no me voy porque es mi cumpleaños, puede que ese angelito no llegue a celebrar el suyo ni una vez siquiera.
Y se fue y salvó al niño que la difteria ahogaba.»

¿Cómo habría sido un Gálvez otorrino, o un Gálvez pediatra? En ocasiones la vida te pone en encrucijadas donde solo, o con ayuda de algún consejero, debes decidir qué destino seguir. ¿Qué nos depara el futuro, incluso el inmediato? ¿Cómo saber si las decisiones trascendentes que tomamos son las que Dios espera que sigamos?

Supongo que si atendemos con serenidad lo que nuestra conciencia nos susurre, si ponemos en manos del Señor nuestras decisiones, tendremos la tranquilidad de que Él obrará lo mejor a través de nuestras pobres manos…

18.VI.2024 – Fin de curso

Hoy, como ayer: en estos días acaba el curso escolar, y en los colegios se celebran las fiestas de fin de curso y las «graduaciones».

Mirando hacia atrás, vemos en los salesianos cómo cada final de junio se celebraba la Fiesta del Director y la distribución de premios.

Fiesta del Director y distribucion de premios, 1944

La colaboración de José Gálvez con los salesianos fue constante, desde su juventud, heredada de su madre. Aunque apoyó a los jesuitas (incluso con gran riesgo durante la II Republica, cuando incautaron el colegio de San Estanislao), siempre fue predominantemente benefactor de los herederos espirituales de Don Bosco.

En la foto -junio de 1944- vemos un Gálvez ya bastante vencido por la edad (80 años), pero sonriente. Los alumnos recibían los premios, una banda amenizaba el acto, y se aprovechaba para leer algún poema en honor de su Cooperador perpetuo (que aquí mismo había estado detenido 7 años atrás, y a punto de ser ejecutado).

Para D. José, la fiesta de Fin de Curso era sin duda uno de los momentos más felices del año.

5.V.2024 – Día de la Madre

Hoy celebramos el Día de la Madre, y el regalo típico es un ramo de flores.
Pero José Gálvez no homenajeó a su madre, Carmen Ginachero, ningún primer domingo de mayo. Si lo hizo, lo haría en diciembre. Y probablemente no le regalaría flores.

Me explico. En España y los países tradicionalmente católicos, inicialmente el homenaje a las madres se realizaba el 8 de diciembre, aprovechando la definición dogmática de la Inmaculada Concepción de la Virgen María por Pío IX. Era en el ámbito anglosajón donde, desde 1914, se celebraba oficialmente en mayo, a raíz de la iniciativa de una norteamericana, Anna Jarvis, que quería rendir homenaje a su madre por la labor que llevó a cabo durante años para reconciliar a los bandos que se habían enfrentado en la guerra civil (en España adoptamos esta fecha desde 1965, 13 años después de la muerte del Siervo de Dios).

En vida de Gálvez, concretamente en 1926, un funcionario de correos valenciano, Julio Menéndez García, propuso la idea de establecer un día específico para honrar a las madres en España y en las naciones de habla española. Su propuesta fue acogida por la Federación Ibérica de Sociedades Protectoras de Animales y Plantas, que incluyó la celebración de un homenaje a las madres en una «Semana de Bondad» en octubre de 1926, coincidiendo con el 700 aniversario de la muerte de San Francisco de Asís.
La Sección de Madrid de las citadas Sociedades Protectoras pedía al Gobierno, a las Autoridades eclesiásticas y a las Casas del Pueblo que durante esos días en las escuelas, iglesias y centros obreros se hablara sobre el amor que San Francisco profesaba a los animales y plantas. Y también se reservaba el día 4 para un homenaje a las madres consistente en que los niños regalaran flores a las suyas. En el caso de los niños pobres de Madrid la compra de los ramos de flores correría a cargo de los organizadores.

Pero Carmen Ginachero Vulpius había fallecido en 1920, a los 76 años; 6 antes de esta iniciativa. Por eso tampoco es probable que le regalara flores.

Sin embargo, más allá de esta anécdota, todos sabemos la devoción de Gálvez hacia su madre, y cómo fue ella la que influyó decisivamente en su vocación.

El propio hijo de Gálvez Ginachero, José Gálvez Moll, explicaba que

terminada la carrera y el doctorado muy joven, llegó el momento de elegir la especialidad. Ya llevaba un año dedicado a la otorrinolaringología –aún conserva en su consulta algunos instrumentos de esta especialidad– cuando, conversando un día con su madre sobre de qué forma podría ser más útil a sus semejantes, esta le hizo notar el número enorme de parturientas que entonces morían.

Bastó esta observación para que, llevado de su celo, cambiara radicalmente y se orientara hacia esta especialidad, dedicándose a ella con tal ardor que sus resultados después se han visto.

Generalmente se elige, se estudia y se practica una profesión como un medio para conseguir el logro de una apetencia. Él tiene la profesión no como un medio, sino como un fin y a este fin supedita todo lo demás”.

¿Qué mejor homenaje que hacerle caso a una madre?

21.IV.2024 – El «Litri»

Parece ser que Gálvez era muy aficionado a los toros. No es de extrañar, porque en aquella época el arte del toreo levantaba auténticas pasiones. Lo curioso es que, según parece, incluso colaboraba con algún periódico -anónimamente- aportando la crítica taurina de aquellas faenas que eventualmente presenciaba cuando sus múltiples obligaciones se lo permitían. Pero en 1926, siendo alcalde, asistió a una corrida en la Malagueta que nunca olvidaría.

En 1926, los Reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia visitaban Málaga. La familia real dispensaba una gran confianza a Gálvez, ya que no sólo era el alma mater del Hospital Santa Cristina, sino que con frecuencia era requerido en Madrid para atender a la Reina, especialmente con motivo del nacimiento de sus hijos (entre ellos el de Juan de Borbón, abuelo de nuestro Rey).

Para homenajear a los Reyes, el 11 de febrero se celebró una corrida en nuestra ciudad. Toreaba una joven pero ya consolidada promesa onubense, Manuel Báez el «Litri», «el Expreso de Huelva». Al «Litri» le llamaban también los periodistas «el torero que se ríe de la muerte».

El diestro resultó cogido gravemente en el segundo toro de la tarde, de nombre *Extremeño*. El toro le empitonó por el muslo derecho campaneándole horriblemente. El asta le había producido una herida de diez centímetros de extensión por otros diez de profundidad en el triángulo de scarpa derecho, con una gran hemorragia venosa.

Vida Gráfica, 22.II.1926 (Archivo Municipal de Málaga)

Gálvez dejó la presidencia y corrió a la enfermería de la plaza. Intervino junto con el doctor Lazárraga, y entre ambos médicos lograron mantener al «Litri» con vida, taponándole eficazmente la vena safena con los dedos. Gálvez se encargó de anestesiar al torero, y Lazárraga realizó la primera intervención. Según el diario ABC, el diestro salvó la vida en el ruedo por la perfecta organización de los médicos, ya que si la cogida hubiera sido en un lugar más distante, habría llegado muerto a la enfermería por la enorme hemorragia. Después fue trasladado a la clínica de Lazárraga. Pero a los cuatro días se detectaron síntomas de gangrena. Gálvez declaró a la prensa que la gangrena fue causada por la infección que tenía el asta con la que sufrió la cornada después de cornear a uno de los caballos en el tercio de varas. El periódico explicaba que «la forma gaseosa de la gangrena es la más grave, pues resulta casi imposible de regular o detener, y la difusión de ésta infección es rapidísima».

La prensa de la época, que siguió muy de cerca este trance, también relata que intentaban animarle diciéndole que la complicación sobrevenida no tenía mucha importancia. El diestro, con voz débil, respondió: «Todo se acaba en este mundo. Y ésto también se acaba».

Los médicos, con el permiso del padre, decidieron amputarle la pierna. En la foto les vemos a la entrada de la Clínica, justo antes de la operación. El parte médico fue el siguiente: «En vista de la infección gaseosa que sufre el matador Manuel Báez Litri y no teniendo tendencia alguna a mejorar, hemos creído prudente hacer una amputación alta del muslo. José Gálvez, Juan Mc. Donald, José Lazárraga»

A pesar de todos los esfuerzos, el «Litri» murió una semana después de la cogida, el 18 de febrero. Sólo tenía 20 años.

Es verdad que a veces las circunstancias te golpean de modo inexorable y sin remedio. Pero afortunadamente la esperanza nos da la fuerza para caminar en la vida. Como dice el Papa: «¡Cristo, mi esperanza, ha resucitado!». No se trata de una fórmula mágica que haga desaparecer los problemas. … Es, en cambio, la victoria del amor sobre la raíz del mal, una victoria que no ‘evita’ el sufrimiento y la muerte, sino que los atraviesa abriendo un camino hacia el abismo, transformando el mal en bien: la marca exclusiva del poder de Dios» (Mensaje de Urbi et Orbi, 12 de abril de 2020). Con la Pascua, hemos conquistado «un derecho fundamental, que no nos será arrebatado: el derecho a la esperanza». «Es una esperanza nueva y viva, que viene de Dios y pone en nuestros corazones la certeza de que Dios sabe convertir todo en bien, porque incluso de la tumba saca la vida» (Sábado Santo, 11 de abril de 2020).

brevenida no tenía mucha importancia. El diestro, con voz débil, respondió: «Todo se acaba en este mundo. Y ésto también se acaba».

14.IV.2024 – Hospital de Sangre

En 2015, la concejalía de cultura del Ayuntamiento de Coín rescató un título de 1923 otorgado como presidente honorario del Patronato del Hospital de Sangre de Coín a favor de José Gálvez Ginachero, “gloria de la Medicina y la Cirugía española”. Se trata de un documento de gran valor histórico y artístico caligrafiado y pintado por el afamado pintor malagueño Fernando Albarado. El Hospital de Sangre de Coín se ubicaba en lo que había sido siglos antes el Hospital de la Caridad en dicha localidad.

Detrás de ese primoroso pergamino hay una densa historia de esfuerzo, sacrificio, sufrimiento…

Tras el desastre de Annual, en julio de 1921, Gálvez, y con él toda Málaga, realizaron un formidable esfuerzo en favor de los heridos de guerra. Los testimonios de los combatientes, como éste que recoge el ABC de la época, eran impresionantes:

“Se produjo entre nosotros una espantosa confusión, que aprovechó el enemigo para para lanzarse a un violento ataque al arma blanca. Los moros, con salvaje ferocidad, degollaban sin piedad a los soldados. El acemilero que guiaba la mula que montaba yo, fue herido por un moro y rematado por otro con gran saña. Yo empuñé el machete y di muerte a uno de los moros que, en la lucha, me cortó un dedo; con la sangre que me manaba de la herida, me ensangrenté la cara, y echándome al suelo, me fingí muerto. Llegó junto a mí otro moro, y después de inferirme tres heridas de gumia, me abandonó creyéndome cadáver. Poco después, una sección de Infantería me recogió y fui llevado a Melilla”

Después de aquella terrible derrota de la Guerra de África, en la que murieron más de 13.000 hombres, nuestra ciudad se convirtió en el principal punto de llegada de los militares enfermos y heridos evacuados desde Melilla. Aunque ciudades como Cádiz, Valencia o Almería también los recibieron, la mayoría desembarcó en esta capital. El primer desembarco de heridos tuvo lugar el 9 de agosto de 1921. Con una frecuencia de dos meses al mes atracaban los buques hospitales en el puerto de Málaga y cada vez desembarcaban entre 250 y 350 soldados. Desde el puerto eran trasladados en ambulancias, en coches de caballo de alquiler y en automóviles de particulares que se ofrecían de forma desinteresada a llevarlos a los hospitales.

Pero en agosto de 2021 todo se colapsó. Eran absolutamente insuficientes el anticuado Hospital Militar (junto a la iglesia de la Victoria, donde hoy descansa el S.d.D.) y el Hospital Noble (municipal). Se habilitó en un tiempo record (4 meses) el Hospital de la Cruz Roja u “Hospital Baena”, montado en unas amplias naves cedidas por el constructor y presidente de la Agrupación de Cofradías, Antonio Baena. A su vez, Gálvez ofreció varias salas del Civil, y dedicó su gran capacidad técnica y organizativa a ayudar en este empeño. Una de sus tareas fue ayudar a reacondicionar los Hospitales de Sangre, como el que se instaló en el Colegio Bergamín, o el de Coín.

Fueron tiempos literalmente heroicos. Un año después, la Casa Real concedería a José Gálvez, por su enorme esfuerzo en la gestión de esta crisis humanitaria, la Gran Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco. Y Málaga, el título de “Muy Benéfica” que hoy ostentamos en nuestro escudo.

28.I.2024 – La prisión donde estuvo Gálvez

La prisión donde estuvo Gálvez por primera vez encarcelado en 1932, tras la sanjurjada, es actualmente el Cuartel de la Policía Local de Avenida de la Rosaleda. Al escribir la biografía, la editora puso en duda el dato, pensaba que habría estado en la cárcel de Cruz de Humilladero; pero esa prisión fue inaugurada poco después (1933), realmente estuvo en la Rosaleda, lo confirmé con un estudio de quien quizás más sabe de este tema, Maripepa Lara, a quien algunos conoceréis.

Foto: Diario La Opinión, 4 de mayo de 2014, imagen de la cárcel en el Pasillo de la Cárcel, actual Avenida de la Rosaleda, donde hoy se ubica el cuartel de la Policía Local de Málaga

Es terrible la prisión. Cuando vas por tu oficio (yo he asistido sólo a la que había en Carranque, y a la de Alhaurín) a visitar alguna persona, aunque sabes que vas de visita realmente impresiona enormemente sentir cerrarse el «rastrillo» tras de ti. Extraordinaria fortaleza de ánimo la de José Gálvez que, siendo inocente, fue encarcelado y mantuvo la presencia de ánimo confortando a sus otros compañeros que estaban completamente abatidos, e incluso animándoles a hacer gimnasia con él para despejar la mente.

Desde la celda le escribió a su esposa (ya enferma, fallecería en febrero de 1934): «Si han menester ustedes algún dinero pídanselo a Don Melchor. Si quieren completar los avíos que ayer me enviaron, pueden adicionar el cepillo y el peine que se quedaron ahí en la mesilla del espejo, un saquito para la ropa sucia y un tubito con pasta dentífrica. Un infiernillo pequeño constituiría un complemento casi lujoso. Los pobres reclusos nos miran con gran benevolencia y nos ayudan todo lo que pueden. Reina entre todos los prisioneros gran cordialidad y no falta quien nos ameniza el rato con chistes y cuentecillos. Procuren estar tranquilos, eleven el corazón a Dios y ofrézcanle este pequeño sacrificio. Adiós. Te abraza – José«.

Con razón es una obra de caridad visitar a los presos. Fantástica labor, dicho sea de paso, la de los trinitarios y su grupo de voluntarios de Pastoral penitenciaria.