Biografía

VIDA Y OBRA DE DON JOSÉ GÁLVEZ GINACHERO

Portada Gálvez

INFANCIA, JUVENTUD Y VIDA FAMILIAR

José Gálvez Ginachero nace el 29 de septiembre de 1866, en Málaga, en la calle Cister no 7, hijo de José de Gálvez Andújar y Carmen Ginachero Vulpius. Cursa sus estudios primarios en el Colegio de San Rafael, situado en la calle Comedias no 20, destacando como alumno aventajado, obteniendo múltiples diplomas e incluso la medalla de plata al Premio a la Aplicación de la Diputación Provincial de Málaga. Terminada la primaria, ingresa en el Instituto General y Técnico de Segunda Enseñanza de Málaga, donde obtuvo el título de Bachiller con la calificación de sobresaliente en 1882.

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Recién concluido el bachillerato en 1882, ingresó en la Facultad de Medicina de Granada, solicitando una beca del Rey Alfonso XII. Tras sus buenas notas, en 1888 y con 22 años, se licenció en medicina. Seguidamente se trasladó a Madrid para cursar el Doctorado en la Universidad Complutense, donde comenzó a enfocar su tesis y su especialidad en la Otorrinolaringología. Sin embargo, su madre influyó en el joven y prometedor Gálvez. El propio Don José refería que… -“Conversando un día con mi madre sobre de qué forma ser más útil a mis semejantes, ella me hizo notar el enorme número de parturientas que entonces morían. Bastó esta observación para cambiar radicalmente y orientarme a la Obstetricia y la Ginecología, dedicándome a ellas con ardor”. Acabó el Doctorado con 24 años, obteniendo la calificación de sobresaliente cum laude.

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Entre 1890 y 1892, amplió sus estudios en las más famosas Instituciones Médicas de Europa, que se encontraban en Berlín y París. Fue discípulo de doctores de gran renombre, aprendiendo las más avanzadas técnicas quirúrgicas de la época e introduciendo a su regreso a España los conceptos entonces novedosos de la esterilización y la asepsia.

Al regresar a Málaga, puso la consulta en calle Cister nº 5, donde atendía no sólo a aquellos que podían pagar sino también a los pobres. Allí conoció a la que sería su esposa, María Moll Sampelayo. La boda se celebró en 1904 en la capilla del Hospital Noble. Tuvieron tres hijos: María del Carmen, Josefina, y José, que heredaría la vocación de su padre, ejerciendo como médico Ginecólogo.

El Doctor Gálvez era un hombre de voluntad férrea, temperamento típicamente alemán, humilde y sin vanagloria. Hablaba poco, era meticuloso en todo, cariñoso, amable y tenía muy buen humor. Se levantaba a las cinco de la madrugada. Tras la misa, dedicaba la mañana al hospital y la tarde al sanatorio. Y al volver por la noche a casa, lo primero que hacía era saludar al Corazón de Jesús, antes de ver a su familia o de hacer cualquier otra cosa.

HOSPITAL CIVIL

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En 1893, a los 27 años, ingresó en el Hospital Civil Provincial de Málaga como Médico de Obstetricia, donde llegaría a ejercer durante cincuenta y ocho años. Allí, escribiendo de su propia mano las historias clínicas y atendiendo, además de las operaciones, las más sencillas curas y exploraciones de sus enfermas, impregnó su labor profesional con la entrega más absoluta y el cuidado más cariñoso hacia sus pacientes. Llegó a dormir innumerables noches en las propias dependencias del Hospital, para poder atender a las enfermas que necesitaban de cuidados continuos o inmediatos, sirviéndole de cama un arcón bajo que había en un pequeño cuarto. Llegó a registrar 150.000 visitas, según acreditan los libros del Hospital. Implantó nuevas técnicas, experimentadas en Francia y Alemania, en higiene y tratamiento para evitar la alta tasa de mortalidad entre madres y recién nacidos.

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En 1923, fue nombrado Director del Hospital Civil, realizando importantes mejoras en las comidas, material médico y el trato con los enfermos. Prueba de ello, es que esperaba la llegada de los trenes que venían de los pueblos con retraso para que los enfermos pudieran ser atendidos. Instaló dos fuentes de agua a la entrada del Hospital para que los enfermos se refrescaran y asearan antes de ser recibidos en la consulta.

 

Su sueldo siempre se lo dejaba a la Superiora de las religiosas que atendían el Hospital para que lo entregase a los enfermos más pobres, y jamás permitió que una enferma careciera de algún medicamento, por caro que fuese. Curaba a los leprosos y conversaba amigablemente con ellos. En lugar de Don José, ellos le llamaban… ¡San José! Toda su vida estaba presidida por la oración.

 

Cuando salía del Hospital, se pasaba por las Reparadoras para visitar al Santísimo. Después del almuerzo, rezaba el Rosario y por la tarde iba al Santuario de María Auxiliadora. Antes de la operación, hacía la Señal de la Cruz sobre la zona que iba a operar y durante la intervención, rezaba por el paciente.

El Doctor Gálvez fue uno de los primeros cirujanos en practicar un parto post mortem. Ocurrió el 17 de julio de 1898. Había ingresado en el Hospital una mujer de 28 años, llamada María González Gálvez. Tras morir esta, le practicó una cesárea y nació una niña. La pequeña, María del Carmen Enriqueta, fue pronto llamada “la niña de la ciencia” y fue bautizada por el entonces Obispo de Málaga, Juan Muñoz Herrera y apadrinada por el propio José Gálvez Ginachero.

 

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LAS HIJAS DE LA CARIDAD DE SAN VICENTE DE PAúL

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En 1857, a instancias de la Junta Provincial de Beneficencia, las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl se hicieron cargo del cuidado de los enfermos y otros servicios generales del Hospital Civil de Málaga. Desde 1893, fue intensa y fructífera la colaboración entre las Hermanas y el Doctor José Gálvez Ginachero, que pronto se ganó el aprecio de todos por su eficacia y dedicación profesional, así como por su trato humano y caritativo. Y es que tanto ellas como Don José actuaban movidos por la caridad cristiana que impregnaba y rebasaba su sentido de responsabilidad profesional hasta ser reflejo del amor que Dios tiene a todos y especialmente a los más desvalidos. Otro malagueño ilustre, coetáneo del Doctor Gálvez, Pablo Ruiz Picasso, plasmó siendo aún muy joven la síntesis entre “ciencia y caridad” en una imagen:

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No me basta con amar a Dios, si mi prójimo no le ama

(S. Vicente de Paúl)

No ama a Dios lo suficiente quien no se esfuerza en que los demás le amen

(Cuaderno de notas de Don José)

LA CASA DE SALUD DE SANTA CRISTINA Y ESCUELA DE MATRONAS DE MADRID

 

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La extraordinaria actividad de Don José y el trato humanísimo a sus enfermos comenzarían pronto a traspasar las fronteras de Málaga. Las recomendaciones de sus pacientes de la burguesía malagueña, con vínculos en Madrid, le fueron proporcionando una clientela cada vez más numerosa en la Corte, donde a través de la Marquesa de Silvela llegaría a conocer a la Reina María Cristina, esposa del Rey Alfonso XII, que le dispensó su admiración y sincero afecto. Precisamente la Marquesa de Silvela pertenecía a la Junta de Damas protectoras de la Inclusa, existente en la calle Mesón de Paredes, que por entonces no era más que un refugio de embarazadas solteras con cifras aterradoras de mortalidad.

En una visita que giró al vetusto y casi ruinoso recinto, Don José quedó hondamente impresionado por el estado deplorable de aquella seudo-clínica. Inmediatamente, transmitió el proyecto, entonces prácticamente un sueño, a la Marquesa y a la Reina, de convertir aquel refugio en una Casa de Maternidad moderna, provista de los medios más avanzados de su época, al estilo de las existentes en otros países de Europa y en los Estados Unidos. Aquel proyecto iniciado en 1904, se convertiría, tras veinte años de agotadores esfuerzos, en la modélica “Casa de Salud de Santa Cristina”, emplazada en un solar de seis mil metros de la calle O’Donnell.

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Esto nunca hubiera sido realidad, sin el esfuerzo personal y económico de Don José, que fue nombrado Director del Centro. En él, además de la atención a las parturientas, comenzó a organizar la enseñanza práctica de Matronas, costeando el mismo sus inicios, como venía haciendo en sus clínicas de Málaga. Generaciones de Matronas se formarían en aquella Escuela, que pronto obtuvo el reconocimiento de Escuela Oficial, con la que pudo multiplicar a través de sus cientos de alumnas, el buen hacer que venía practicando personalmente en su incansable labor clínica.

SINDICATOS AGRICOLAS CATóLICOS

 

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A principios de 1919, José Gálvez Ginachero y Félix Corrales Aparicio fueron artífices de la expansión del catolicismo obrero en los pueblos del Valle del Guadalhorce y de la Costa del Sol Occidental, creando cooperativas, fundando cajas de ahorros y adoptando medidas beneficiosas, como la de créditos agrícolas. También realizaron una labor socio-educativa bastante significativa, mediante la fundación de colegios para los niños y de escuelas nocturnas para los trabajadores analfabetos, algo desgraciadamente muy extendido en la época. La localidad de Campanillas fue uno de los primeros lugares de la provincia de Málaga donde se constituyó un Sindicato Agrícola Católico. Estas asociaciones obreras agrarias de carácter católico estaban tuteladas por la jerarquía eclesiástica.

COLEGIO DE MéDICOS DE MáLAGA

En 1921, el Doctor Gálvez Ginachero resulta elegido por votación Presidente del Colegio de Médicos de Málaga, en reconocimiento a su importancia en el campo de la medicina y por sus dotes como personaje relevante en la vida pública malacitana. Al mes de actuar como tal, se inauguró la Casa de Socorro del Llano de Doña Trinidad, cuya idea había alumbrado Francisco García Guerrero, anterior Presidente y el propio José Gálvez Ginachero.

No satisfecho aún, Don José donó todo el material instrumental y los accesorios precisos, como igualmente hizo en el Hospital Civil, donde sufragó gran parte de un magnífico quirófano que se instaló. Fue además aquella, la época en que actuó con tanto altruismo en el auxilio a los heridos de la campaña de Marruecos, que el Gobierno de Su Majestad le concedió la Gran Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco. Cesó en el cargo de Presidente del Colegio de Médicos en 1927.

 

ALCALDE DE MáLAGA

 

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El buen hacer del Doctor Gálvez no se limitó al ámbito de su profesión médica. En 1923, durante la Dictadura de Primo de Rivera, fue propuesto para ser Alcalde de Málaga. Primo de Rivera propugnaba para las alcaldías a personas alejadas de las facciones políticas, independientes, con fama de moralidad y bien significados socialmente. El Doctor Gálvez era por tanto el candidato idóneo. Muchos días tardó en aceptar.

Sólo tras las insistentes gestiones del entonces Gobernador Militar, Don José Gálvez acabó aceptando la designación. Durante los dos años y medio que presidió el Ayuntamiento, consagró a la ciudad su salud, su tiempo y su dinero. Cuando tomó posesión, el Ayuntamiento estaba prácticamente sin liquidez. Según el arqueo de la Caja Municipal, el efectivo se limitaba a 1.269 pesetas.

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Pero sobreponiéndose a las circunstancias, comenzó un programa de ambiciosos proyectos, para los que muchas veces aportó su propio dinero. Se procuró el asesoramiento de Rafael Benjumea, Conde de Guadalhorce, cuyo título nobiliario provenía del pantano que supo llevar a término; de Leopoldo Werner, autor de las obras de ampliación del puerto; y de Manuel Jiménez Lombardo, realizador del Pantano del Agujero. Con su consejo, ejecutó durante su mandato un ambicioso proyecto de saneamiento y sanidad pública. Se ejecutaron las obras de la red de alcantarillado, se mejoró y acondicionó la traída de aguas de Torremolinos para el abastecimiento de la capital y se abrió la Alameda al tráfico rodado.

 

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Se adquirieron los terrenos del que sería después el campamento Benítez y se instituyeron nuevas escuelas y dispensarios en la capital. Se iniciaron las obras del Sanatorio Antituberculoso y el Sanatorio Marítimo de Torremolinos, se intensificó el servicio de Policía Urbana y se inauguraron las Escuelas del Ave María en el Pasillo de Natera. La intensidad de su gestión sólo pudo llevarse a efecto gracias a sus desvelos continuos, supliendo él mismo la escasez endémica de fondos municipales.

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Durante su mandato, atendería a ciento de peticionarios con un auxilio en forma de “vale” contra la Caja del Ayuntamiento. Al cesar su gestión, liquidó los “vales” con su propio dinero, cuya cuantía era de varios cientos de miles de pesetas, cantidad elevadísima para la época.

Tras su renuncia como Alcalde en 1926, alegando que estaba apartado de su profesión médica, fue nombrado de inmediato, Alcalde Honorario de Málaga. El Cabildo, en sesión plenaria, así lo acordó, haciendo constar que “puso toda su buena voluntad e inteligencia al servicio de los intereses de Málaga, sacrificándose moral y materialmente en el desempeño de su cargo”.

 

DETENIDO DOS VECES

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Eran años difíciles. El 10 de agosto de 1932, Don José fue detenido, por primera vez, injustamente por sospechoso de conspirar contra el régimen. Estuvo tres días en la cárcel. Su puesta en libertad fue conseguida por dos leprosos del Hospital Civil que se presentaron al Gobernador y se lo exigieron, amenazándole con salir todos los leprosos por las calles de Málaga si él no lo concedía.

La segunda detención la sufriría el Doctor Gálvez en 1936, recién estallada la Guerra Civil. Una patrulla anarquista le llevó detenido al cuartel de la F.A.I. que habían emplazado en el Colegio de los Salesianos. El tribunal le interrogó tildándolo de burgués, que vivía a costa de la sangre de los pobres, y le preguntaron si trabajaba. Don José les contestó: Más que todos vosotros, que seguramente habréis nacido en mis brazos a altas horas de la noche y después, al llegar el día, he continuado en el Hospital curando las enfermedades de vuestras madres. Vosotros tenéis horas fijas de descanso, yo no… Inmediatamente el tribunal le puso en libertad.

 

Aunque su peor trago lo pasó al ver a su hija Josefina, que estaba embarazada, convertida en rehén y encarcelada en el Gobierno Civil. Tras la Guerra, fue repuesto en su cargo de Director del Hospital Civil.

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LAS ESCUELAS SALESIANAS

 

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La condición de ferviente católico de José Gálvez Ginachero le llevó a estar siempre dedicado a obras de caridad, siendo un auténtico caballero cristiano y Cooperador Salesiano que vivió una vida plenamente evangélica de dedicación a los más necesitados y desvalidos. Su madre, Doña Carmen, fue también Cooperadora Salesiana, vocal de Damas Protectoras y miembro de la Archicofradía de María Auxiliadora.

Don José Gálvez, estuvo siempre presente desde 1899 en todos los actos y acontecimientos importantes de la Casa Salesiana. Su ayuda económica fue siempre discreta, pero eficiente y oportuna. Así, por poner algunos ejemplos, en 1916 regaló al Colegio cincuenta camas nuevas para el internado. En 1918, junto con su señora, fue padrino de una nueva máquina de tipografía, último modelo tecnológico, que con su apoyo se pudo adquirir para el taller del Colegio. Durante los años veinte y treinta del pasado siglo XX, no cesaron sus actos de ayuda, consejo y aportaciones económicas. Durante esos años aparece muy frecuentemente en fotos de veladas y actos de fin de curso en el patio del Colegio Salesiano.

Estuvo presente en el acto de reapertura del Colegio en la primavera de 1938 y también aparece citado en el acto de noviembre de ese mismo año, en el que se dieron por finalizadas las urgentes reparaciones de los graves desperfectos, causados durante la guerra, y donde se inauguraba una ampliación del pabellón de la entrada principal con una nueva planta sobre las ya existentes.

En mayo de 1938, su hija María del Carmen sería la madrina de la nueva imagen de María Auxiliadora, obra de José Navas Parejo, en sustitución de la anterior que fue quemada durante la ocupación por la F.A.I. del Colegio.

 

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En verdad, José Gálvez Ginachero ha sido el gran Cooperador Salesiano malagueño de todos los tiempos. Por ello fue nombrado Presidente Perpetuo de los Cooperadores. Durante los años cuarenta, ya jubilado de sus labores profesionales, pero siempre al pie del cañón, repartió ciencia, consejo e incluso asistencia médica directa en el Colegio, cuando el caso lo requería.

Todos los años, coincidiendo con el día de San José, se le dedicaba en el patio del Colegio una modesta velada de música a cargo de la afamada Banda Salesiana y poesía recitada por los alumnos. Don José era feliz en esos sencillos momentos, y así aparece en las fotos, sonriendo bonachonamente mientras se acariciaba su perilla entrecana.

El Doctor Gálvez estará siempre en el corazón de los Salesianos malagueños. Su labor como bienhechor y protector, en momentos muy difíciles, nunca podremos olvidarlos. Don José fue una bendición del Cielo para la Sociedad Salesiana en Málaga.

 

LAS ESCUELAS DEL AVE MARíA

 

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Durante los primeros años del siglo XX, el sacerdote Diego López Linares se encontraba hondamente preocupado por la existencia de una masa de niños vagabundos, que vivían solos por la ciudad, separados de sus padres, deambulando, comiendo y durmiendo como podían en los escalones o en los ojos de los puentes del río. Ante esta situación acudió a José Gálvez Ginachero y a su esposa para:

“… instalar unos dormitorios que él llamó “Refugios nocturnos”, pues verdaderamente solo servían para dormir (…) Esto consistía en que al anochecer los niños iban allí, se les admitía, entraban y Don Diego les tenía preparado un café con leche, y un pedazo de pan, y luego a dormir, y por la mañana cuando Don Diego acudía aquello ya estaba vacío, se habían ido despertando, y se habían ido y se acabó, pero a la siguiente noche volvían otra vez.”

La personalidad de Don José Gálvez, profundamente convencido de la necesidad de promover socialmente a los grupos más desfavorecidos, no se conformó con esta laudable tarea caritativa; sino que insistió en dar un paso más, transformando en 1906 el “Refugio” en “Escuela”, proponiendo a Don Diego adherirse al innovador modelo de las “Escuelas del Ave María” que el Padre Andrés Manjón estaba estableciendo con éxito en Granada.

 

Captura de pantalla 2015-07-07 a la(s) 19.48.20En 1907, trasladan las Escuelas a una finca propiedad de su esposa en el Pasillo de Natera, hoy Avda. de Fátima, donde permanecerán hasta su instalación definitiva en 1947, a las actuales dependencias del barrio de Huelin.

Finalizada la Guerra Civil en la que falleció trágicamente Diego López Linares, continúa el empeño de José Gálvez Ginachero en las Escuelas, que reconstruye bajo la forma jurídica de Fundación, para garantizar su continuidad., extendiendo la asistencia a los huérfanos de guerra y a los hijos de los presos políticos, que de otra forma quedarían desatendidos. Preocupado por la proletarización y abandono de la niñez en el creciente barrio industrial de Huelin y de la Carretera de Cádiz extiende hacía allí las Escuelas, como herramienta no sólo para asistir a la educación integral de la infancia sino como institución que ha de estructurar la vida de todo el barrio.

Los Proyectos del Doctor Gálvez han llevado a las Escuelas del Ave María de Málaga a educar a más de cien mil alumnos, constituyendo un auténtico referente para la ciudad, cuyo Ayuntamiento en el centenario de su fundación le concede su Medalla de Oro, con el voto unánime de todos los grupos políticos de la corporación.

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ADORACIóN NOCTURNA

Durante los difíciles tiempos de la II República, cuando el sentimiento antirreligioso llegó a tomar signos violentos, se encargó de organizar en Málaga la Acción Católica, siguiendo la inspiración del Papa Pío XI. Asimismo, en 1931, el Doctor Gálvez fue elegido Presidente Diocesano de la Adoración Nocturna Española, a la que pertenecía desde 1915. Entre 1916 y 1930, había participado como adorador honorario, volviendo este último año a figurar como activo.

Sobre los hombros de Don José, cayó el peso de presidir la Adoración en los días turbulentos del 11 y 12 de mayo de 1931, en que gente enloquecida asaltó y destruyó iglesias, conventos e incluso el Palacio Episcopal, donde se ubicaba la sede y la capilla de la Adoración Nocturna, que quedó completamente arrasada. Como consecuencia de ello, la actividad de la Sección desapareció durante un año, tras el que, poco a poco, y pese a la agitación social de aquellos tiempos, la Adoración Nocturna inició de nuevo su actividad bajo la dirección de su Presidente Diocesano, José Gálvez Ginachero.

En febrero de 1936, a punto de estallar la Guerra Civil, se despedía Don José de su primer periodo como Presidente, ya gobernando la diócesis, Balbino Santo Olivera. Terminada la Guerra, Don José aparecerá de nuevo como Presidente de la Adoración Nocturna, siendo reelegido en 1941.

En 1943, el médico malagueño renunció al cargo, y en la Vigilia del Corpus Christi celebrada la noche del 10 al 11 de junio de 1944, Don José recibió el distintivo de Veterano dentro de la 17a Promoción, al haber hecho 125 vigilias.

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EL ASILO DE LOS áNGELES

Tampoco olvidaría Don José Gálvez Ginachero a los ancianos, dispensando su protección y patronazgo al Asilo de los ángeles, siendo Presidente de su Patronato desde 1938 a 1952. José Bello Marín, farmacéutico del Hospital Civil, testimoniaría que Don José era “la palanca que mueve los resortes que hacen posible su continuación, muchos ignoran que Don José Gálvez, en momentos difíciles, fue de casa en casa pidiendo una limosna para aquellos viejecitos”. Las nietas del Doctor Gálvez Ginachero recuerdan cómo las llevaba todos los domingos al Asilo de Nuestra Señora de los ángeles para servir la comida a los ancianos.

 

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LOS úLTIMOS AñOS DEL DOCTOR GáLVEZ

Captura de pantalla 2015-07-07 a la(s) 19.52.27A los 77 años de edad, se le impuso la Cruz de Beneficencia de primera clase. Ya ostentaba la Gran Cruz del Mérito Militar por su labor altruista con los heridos de la campaña de Marruecos y la Gran Cruz de Alfonso XII. Aún recibiría, en 1947, la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, y ya en 1952, pocos meses antes de morir, el Consejo de Ministros le concedió la Medalla de Oro del Trabajo.

 

El 29 de septiembre de 1946, al cumplir sus 80 años, la Diputación Provincial y el Cuerpo de Médicos de su Beneficencia le dedican un homenaje en el Hospital Civil. El 5 de octubre de ese mismo año, se creó el “Premio Gálvez Ginachero”, con el objeto de otorgarlo anualmente al mejor trabajo inédito, de tema libre y sin límites de extensión.

 

Renunció a su herencia para beneficiar a Carmen, su hermana viuda. Al final de sus días no tenía prácticamente nada de lo que había ganado, y dijo: Como lo he ganado, lo he gastado. Calificadlo de vanidad o caridad…

 

Enfermó de cáncer, no se quejaba y cuando le visitaban siempre le encontraban con un rosario en la mano y con buen humor. El 29 de abril de 1952, el Obispo acudió a visitarlo, y cuando se marchó, el corazón de Don José latió por última vez. Falleció a los 86 años de edad en su Sanatorio. Tras su muerte, se instaló la capilla ardiente en el Hospital Civil. La Santa Misa fue oficiada por el Obispo de Málaga, mas tarde Cardenal ángel Herrera Oria. En la Homilía dijo: “Ornamento y gloria de su ciudad natal, sigue, después de muerto, haciendo el bien a sus convecinos, porque el recuerdo de sus virtudes, y la imagen perenne de su vida ejemplar e inmaculada son, para todos los malagueños, una exhortación constante a pasar por este mundo como pasó él, fue discípulo del Divino Maestro, derramando beneficios”.

A su muerte, toda Málaga quedó conmovida por la pérdida. Una lluvia torrencial descargó sobre la ciudad el día de su entierro.

 

 

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Desafiando la tromba de agua, miles de hombres y mujeres se lanzaron a la calle. Muchos llevaban a sus hijos en brazos, intentando a duras penas cubrirlos del aguacero que no cesaba. Todos caminaban detrás del coche fúnebre en silencio, y muchos con lágrimas que disimulaba la lluvia.

La masa de paraguas ocultaba gentes de todas las clases sociales, que habían acudido espontáneamente para saludar por última vez a quien todos los malagueños, de un modo u otro, debían algo. Unos le eran deudores de su auxilio profesional, otros, de su amparo económico y todos, de su ejemplo constante y celoso de vida cristiana. Por eso nadie quiso quedarse en casa ese día, a pesar de que la tormenta arreciaba conforme se aproximaba el cortejo fúnebre al cementerio de San Miguel.

Una mujer hizo un comentario que cobró fortuna y se extendió con rapidez entre la multitud presente: “Claro, hasta el cielo está llorando porque ha muerto el Doctor Gálvez”. Muchos, a su vez respondían: “Era un santo. Un verdadero santo. Seguro que Don José ya está en el cielo”.

En 1993, se trasladaron sus restos desde el cementerio de San Miguel a una cripta del Santuario de Nuestra Señora de la Victoria, donde reposan junto a los de su esposa Doña María Moll Sampelayo.

 

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