Entrevista a Don Federico Cortés Jiménez, juez instructor de la causa

 -D. Federico, ¿cuál era su tarea como juez instructor de la causa?

 La tarea principal, sin duda, ha sido la de representar al Obispo que es, en primer lugar el juez de toda causa y el promotor principal de la investigación sobre las virtudes evangélicas del siervo de Dios. Después, como tarea directa, la tarea del Juez Delegado consistía en cuidar que se dieran todas las garantías en el proceso judicial, así como velar por las formalidades propias y la veracidad de las pruebas que se presentaban. Importante, en el proceso, ha sido también cuidar de los plazos, conservación y custodia de las pruebas, dirigir el proceso en cuanto a los interrogatorios de testigos, conservación de las actas, y cuantas tareas propias de un proceso judicial.

 -¿Qué le supuso personalmente dicha labor?.

Una extraordinaria experiencia personal y profesional, ha sido un trabajo muy especializado, pero sin duda una tarea que ha enriquecido a mi persona, contribuyendo a un profundo conocimiento del Dr. Gálvez, Me ha ayudado mucho a entrar en la obra y vida de D. José, pero especialmente en su espiritualidad. Desde el primer momento fue una gran satisfacción acoger esta encomienda de la Iglesia, ya desde niño había escuchado mucho hablar de la figura y obra del Siervo de Dios, y cuando se me pidió que retomara el trabajo del proceso me sentí muy honrado y muy agradecido, fue un regalo en mi vida sacerdotal. Puedo decir, a voz llena, que esta tarea ha sido una gracia y un bien para mi persona.

 -¿Sigue vivo el recuerdo de Gálvez hoy día?.

 Vivo, presente, actual, como mejor convenga. El Dr. Gálvez es de esas figuras que no terminan, que siempre están ahí, que siempre aportan nuevos puntos de vistas y nuevos horizontes. No me atrevería a decir que es un figura ilustre del pasado, sigue siempre un figura actual en nuestros días. Los santos, permitidme esta consideración, no pasan de fechas ni de actualidad, siguen siendo patrimonio de todos los hombres y, por tanto, bienes actuales que siguen dando su persona y su espiritualidad a todos los que sin prejuicios se acercan a él, tanto en lo que aportó a la ciencia, como lo que sigue aportando a la vida de todo hombre que quiere vivir, como él lo hizo, las virtudes cristianas, el seguimiento silencioso y al tiempo extraordinario de Jesús, al que amaba y deseaba ser el más sencillo pero cercano discípulo. Hoy también «Gálvez», es un modelo de seguidor y apóstol del Maestro.

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