Ecos de la Presentación en Málaga del libro: “GÁLVEZ GINACHERO, Doctor de cuerpos y almas”

    Cuantos pertenecemos a la Asociación Gálvez Ginachero, que promueve la causa de su Beatificación, vivimos junto a numerosos miembros de su familia y amigos de distintas profesiones,  una mañana muy grata el 29 de Octubre 2021 en la Casa Diocesana de Espiritualidad, con motivo de la presentación de la biografía de tan ilustre malagueño.

El  título del libro es significativo.     “GÁLVEZ GINACHERO,  Doctor de cuerpos y almas

Otros harán, o han hecho (pulsa aquí), reseñas del libro,  crónica del Acto  y del encuentro  fraterno posterior en la terraza,  disfrutando de un clima muy favorable…

Yo aquí solo me propongo dos cosas:

La primera dejar constancia de lo mucho que gocé (y percibí lo mismo a mi alrededor).

La  segunda, compartir algunos ecos que me llegaron tras enviar a algunas Hijas de la Caridad como yo y a otras amistades, el Video proyectado por Francisco Gª Villalobos  Postulador Diocesano de la Causa y Autor del libro.

El 30 de Noviembre, al recibir el Video, me responde una amiga que fue Maestra Rural.  Se trata de Mary Carmen Torres que vive en Campanillas y le llamaban la” Maestra de la Moto” pues su trabajo fue siempre en sitios apartados dentro del extenso Valle del Guadalhorce. Comienza así:

¿Sabías que D. José Gálvez colaboró con Herrera Oria, para fundar el Patronato Iglesia- Estado del Magisterio Rural?

Fue vocal de la Junta Directiva e insistía en que las maestras estuvieran preparadas para hacer también de enfermeras, incluso asistir un parto si – en aquellos recónditos campos- se presentaba con urgencia la ocasión.

En todas las escuelas había un botiquín, que teníamos que saber  manejar. Qué cantidad de Zimema K había que inyectar, según la edad y la herida del accidentado.

Como entablillar un miembro hasta que pudiera trasladarse. Cómo hacer una sutura y, si llegaba el caso, cortar un cordón umbilical…Y todo eso eran propuestas suyas (del Dr.Gálvez Ginachero)

El montaje del vídeo es bastante bueno. Refleja lo mucho que trabajó y las cualidades con que lo hizo..

El  1 de Diciembre continúa la comunicación de Mary Carmen Torres. Esta vez ya sobre su experiencia familiar:

Mi madre fue asistida por él, en sus tres partos y desde muy pequeña, le oí hablar de él como «un santo».

En Campanillas hizo cooperativas agrícolas y escuelas. Hizo mucho también por esta barriada, ya de la mano de Herrera Oria, que llegó a Málaga en 1947, es decir, 5 años antes de morir D. José Gálvez, tiempo suficiente para admirar la noble personalidad del Dr. Gálvez.

Con ocasión de su primer parto en el Hospital Civil, mi madre pidió confesar antes de dar a luz su primera hija. A D. José le llamó la atención y se acercó a ella preguntándole cómo estaba. Mi madre le dijo: “Don José mi madre murió de parto: yo llevo 11 meses casada y no tengo más que a mi esposo… tengo mucho miedo»

El muy cariñosamente le dijo: tienes a tu madre la Santísima Virgen y a mí, que voy a hacer de padre»

Mi madre se echó a llorar dándole las gracias y él, volviéndose a una de las dos Hnas. que le acompañaban junto con la matrona, le dijo algo que mi madre no escuchó. Poco después vino la » monjita» con una taza muy calentita de tila, sin decirle lo que era.

Me gustaría que otras muchas cosas que están en la mente y el corazón de muchos malagueños acerca de este médico ejemplar, llegaran a esta web. Es lo que me ha motivado a transmitir el testimonio de mi amiga.

A quien tenga algo que contar, le animo e invito a que lo cuente.

Cecilia Collado H.C.

El doctor Gálvez Ginachero se mira en El Espejo Málaga

 

Doctor Gálvez Ginachero

 

(Publicado en diocesismalaga.es 05/11/2021)

El postulador diocesano de la causa de beatificación del doctor Gálvez
Ginachero y secretario general-canciller de la Diócesis de Málaga,
Francisco García Villalobos, ha participado en el programa EL ESPEJO de
COPE Málaga para profundizar en la vida y obra del ginecólogo malagueño
que camina hacia los altares.

García Villalobos presentará, a finales del mes de noviembre, una nueva obra titulada «José Gálvez Ginachero. Doctor de cuerpos y almas», en la que
profundiza en la figura de este ilustre malagueño de quien afirma: «No
es exagerado decir que la Málaga de hoy sería muy distinta de no haber
existido él. Por ello resulta de gran interés conocer su vida y su obra,
las luces y sombras de este extraordinario médico que entregó toda su
vida por y para nuestra ciudad».

Aquí pueden escuchar la entrevista, conducida por el delegado de Medios de Comunicación, Rafael Pérez.

 

El Doctor Gálvez Ginachero en EWTN-España

Según informa D. Salvador Aguilera López, Postulador de la Causa de Canonización del Siervo de Dios José Gálvez Ginachero, los próximos sábados 16 y 29 de octubre a las 12:30, la televisión católica EWTN-España transmite el Documental que la «Asociación Pro-Beatificación Don José Gálvez» realizó en 2013 sobre la vida y obras del médico malagueño.

 

Dicha cadena de televisión, cuyas siglas son EWTN (Eternal Word Television Network: Red de Televisión de la Palabra Eterna) fue fundada en Estados Unidos por la Madre Angélica el 15 de agosto de 1981 con la finalidad de evangelizar a través de los medios de comunica. El 8 de diciembre de 2020 empezó a emitir EWTN-España.

Con la difusión de este Documental, señala el Postulador de la Causa, se pretende dar a conocer la vida y el carisma del Siervo de Dios, cuya Causa de Canonización se encuentra ya en fase romana.

“Quiera la Divina Providencia, – señala el sacerdote-, que, entre los muchos que vean el Documental, Dios obre el milagro necesario para que podamos ver en los altares a este insigne malagueño, ejemplo de caridad y donación, especialmente hacia los más necesitados”.

***

A través de este link se puede acceder a la emisión del Documental:

https://ewtn.es/en-directo/

“Los santos de la puerta de al lado”: una antesala para la beatificación de JGH

(Testimonios sobre Médicos que llegaron a los altares)

Este sábado 17 de abril, se realizará una jornada de reflexión sobre la santidad en el mundo actual, que permitirá a estudiantes, profesionales y público en general conocer la vida de dos médicos santos y tres que están camino a la canonización.

 

A pocos días de la beatificación del Dr. José Gregorio Hernández, profesionales de la salud y organizaciones de la Iglesia católica venezolana, invitan a la jornada de reflexión “Los santos de la puerta de al lado” en la que se expondrán testimonios sobre cinco médicos laicos que vivieron su fe en medio del mundo siendo, como dice el Papa Francisco, “reflejo de la presencia de Dios” en las cosas sencillas de todos los días.

La jornada se efectuará este sábado 17 de abril de 10:00 am a 12 m, a través de los canales de YouTube del Opus Dei-Venezuela y la CEV. La misma ha sido organizada y promovida por la Conferencia Episcopal Venezolana, el Consejo Nacional de Laicos, la Academia Nacional de Medicina, la Escuela Vargas de la Universidad Central de Venezuela y la Oficina de Comunicación del Opus Dei. El objetivo es mostrar a estudiantes, profesionales de la Medicina y público interesado, la vida y obra de médicos laicos que, como José Gregorio Hernández, hicieron del ejercicio de la medicina un servicio a los demás.

Los “santos de la puerta de al lado” son San Giuseppe Moscati y Santa Gianna Beretta Molla, de Italia, los Siervo de Dios Ernesto Cofiño, de Guatemala, y José Gálvez Ginachero, de España, y el Venerable José Gregorio Hernández, de Venezuela.

La doctora Claudia Suárez, individuo número de la Academia Nacional de Medicina y co-autora del libro San Giuseppe Moscati y el Venerable José Gregorio Hernández: dos anatomopatólogos y médicos de los pobres, presentará la vida del santo italiano.

Gianna Emanuela Molla, hija de Gianna Beretta Molla, dará a conocer la vida y obra de su madre, que prefirió salvarla a ella –aún no nacida– antes que a sí misma; un testimonio dado por su propia protagonista. Eduardo Véliz, de la Fundación Kinal de Guatemala, hablará de Ernesto Cofiño, quien es considerado pionero de la pediatría en su país y creó centros de asistencia social y educativos para las familias necesitadas.

El sacerdote Salvador Aguilera López, postulador de la causa de José Gálvez Ginachero, presentará al ginecólogo y presidente del Colegio de Médicos de Málaga. Sobre la vida del próximo beato José Gregorio Hernández, hablará el doctor Manuel Guzmán Blanco, internista e infectólogo, expresidente de la Sociedad Venezolana de Infectología y miembro de la comisión que conmemoró los 150 años del natalicio del Médico de los Pobres.

La invitación se extiende a todas las personas que estén interesados en participar en la jornada, para lo que pueden registrarse gratuitamente a través del siguiente link https://forms.gle/YbCDeSS7rMjKvksL8

El doctor Gálvez Ginachero, un modelo vigente

(Publicado en el Diario Sur de 16-sept-2020)

«El Dr. Gálvez Ginachero, fusilado por las tropas fascistas italianas». La noticia era realmente impactante. Pero era una ‘fake new’: también en 1937 las había y se propagaban como un virus.

El 17 de abril de ese año, el ‘ABC’ de Madrid publicó: «El doctor Gálvez, asesinado por cumplir con su deber […] el doctor Gálvez fue inculpado del horrendo delito de prestar sus auxilios a los rojos en el hospital y en su clínica, […] se le condenó a muerte, y la sentencia ha sido cumplida».

El núcleo de verdad que albergaba la falsa noticia procedía de que al tomar Málaga las tropas «nacionales», al parecer le fue abierta a Gálvez una investigación reservada por si había sido un «colaboracionista» con los republicanos; ya que, dada su notoria fama de católico y su condición de exalcalde de la dictadura de Primo de Rivera, lo «lógico» para los vencedores era que no hubiese sobrevivido a la contienda.

La noticia de la supuesta ejecución era pura propaganda de guerra. Pero su verosimilitud provenía precisamente de la atención que, como médico y como cristiano, Gálvez dispensó a ambos bandos en conflicto. En 1936 ocultó en su clínica particular a conservadores y a sacerdotes, librándoles de la violencia anarquista. A su vez, la FAI le detuvo y le interrogó en el colegio de los Salesianos (que había sido convertido en cuartel), pero tras afrontar valientemente a sus captores fue liberado. Y por otro lado, en 1937 disfrazó de parturientas en el Hospital Civil a varios dirigentes de Izquierda Republicana, colaborando con Porfirio Smerdou para que pudieran huir a Francia. Entre otros, lo relata Diego Carcedo en El Schlinder español.

Auxilió en el Hospital Civil a los vencidos que regresaban heridos de la Desbandá, mientras su propia hija era retenida como rehén de guerra en Valencia. Y posteriormente intervendría como testigo de descargo de los presos republicanos en varios juicios sumarísimos, consiguiendo la libertad o al menos la reducción de pena de muchos procesados. A algunos consiguió librar de una segura sentencia de muerte. Y para escolarizar y alimentar a los huérfanos de guerra y librarlos de ser carne de cañón de las mafias urbanas en la calle, empeñó una gran parte de su patrimonio en la construcción de las Escuelas del Ave María de Huelin, y en el mantenimiento de las Escuelas salesianas. Todas esas instituciones pueden dar fe del inmenso bien que hicieron después de la guerra gracias a la ayuda constante del Dr. Gálvez.

Como alcalde, una de sus primeras disposiciones había sido incorporar en su equipo de gobierno a la primera mujer concejal de la historia del cabildo malagueño (Teresa Aspiazu, no habiendo después de su mandato otra edil hasta nuestra democracia). Inmediatamente, Gálvez se centró en dotar a Málaga de una red moderna de canalización de agua potable, saneamiento y alcantarillado, para prevenir las epidemias que azotaban los barrios más pobres; y en la construcción de las «casas baratas» de Ciudad Jardín, a fin de que los obreros también pudieran acceder a la propiedad.

Ya al final de sus días, quizás al verse él mismo vencido por la edad, se volcó especialmente en ayudar a los ancianos del Asilo de los Ángeles. Aún le recuerdan con veneración en esa querida institución.

Estas circunstancias han motivado que la Iglesia católica tenga abierto su proceso de beatificación, que ya se encuentra en su fase romana. A Gálvez Ginachero es a quien menos le afecta que le reconozcan beato o santo. Como decía San Pablo, «he luchado el noble combate, he acabado mi carrera, he conservado la fe» (2 Tim. 7). Es Dios, el juez más justo y misericordioso, quien tras su muerte en 1952 juzgaría sus acciones, le «examinaría del amor» (San Juan de la Cruz).

Pero el reconocimiento de su santidad supondría ofrecerlo «oficialmente» como modelo de valores a los cristianos de hoy. Porque las virtudes que él procuró ejercer en su vida cotidiana, la fe, la esperanza y el amor, son vigentes en cualquier época de la historia. Hoy necesitamos, más que nunca, hombres y mujeres como Gálvez Ginachero; que en los ámbitos de la política, la sanidad o la enseñanza, así como en la vida privada y cotidiana, con la familia, amigos y compañeros (el prójimo, el próximo) trabajen heroicamente por el fin de la pandemia de egoísmo y deshumanización que amenaza ahogar nuestra sociedad. Que luchen por la «revolución de la ternura», como nos pide el papa Francisco. Esa sí sería una buena noticia.

LA CELEBRACIÓN DE SANTA LUISA EN TIEMPO DE PANDEMIA

(Por su interés reproducimos el presente artículo del
P. Corpus Juan Delgado Rubio C.M.)

La celebración de la fiesta de Santa Luisa nos encuentra este año recogidos cada uno en nuestras casas, asumiendo con responsabilidad las orientaciones de protección y cuidados ante la crisis provocada por la pandemia del coronavirus.

1.- Un sufrimiento que nos estremece

Los datos que vamos conociendo sobre los efectos provocados por la pandemia nos sobrecogen: se cuentan por miles las personas que han muerto a consecuencia de este virus desconocido; el dolor por la muerte de las personas queridas se incrementa con la imposibilidad de despedirlas y encontrarse con familiares y amigos; la celebración de los funerales ha quedado aplazada y los procesos de duelo incompletos; nos estremecen los pronósticos sobre caída de empleo y recesión económica que sucederán a la crisis sanitaria; la pandemia y sus efectos alcanzan geográficamente al mundo entero, a todo tipo de personas y comprometerán el futuro de todos los pueblos y del orden internacional; y sobre los más pobres son exponencialmente más graves cada uno de los efectos provocados por la pandemia.

Santa Luisa de Marillac y San Vicente de Paúl conocieron en su tiempo situaciones de pandemia, de sufrimiento y de muerte. A la subalimentación crónica en la que vivía la mayor parte de la población, se unían las guerras, casi ininterrumpidas en distintas regiones de Francia, y la peste que reducía sensiblemente el número de habitantes. A lo largo del siglo en que vivieron San Vicente y Santa Luisa, a pesar del elevado índice de natalidad, la población total no se incrementó debido a la mortalidad ocasionada por la peste, el hambre y las guerras: la peste es fruto otoñal de malas cosechas en primavera; y da lugar al éxodo de campesinos hacia las ciudades, propiciando el surgimiento de revueltas y guerras; las guerras, a su vez, dificultan la producción y distribución de alimentos que dan paso a las hambrunas.

El 24 de julio de 1655, San Vicente de Paúl comunica en la repetición de oración su comprensión del sufrimiento que viven las víctimas de estas crisis recurrentes:

Si por cuatro meses que hemos tenido la guerra encima, hemos tenido tanta miseria en el corazón de Francia, donde los víveres abundaban por doquier, ¡qué harán esas pobres gentes de la frontera, que llevan sufriendo esas miserias desde hace veinte años! Sí, hace veinte años que están continuamente en guerra; si siembran, no están seguros de poder cosechar; vienen los ejércitos y lo saquean y lo roban todo; lo que no han robado los soldados, los alguaciles lo toman y se lo llevan. Después de todo esto, ¿qué hacer? ¿qué pasará? No queda más que morir (SVP XI, 120).

¿Qué hacer? Es la pregunta emocionada que se hacía Vicente de Paúl y es también la cuestión que todos nosotros, miembros de la Familia Vicenciana, en comunión con las comunidades cristianas de cada lugar, nos planteamos.

La experiencia de Santa Luisa de Marillac, comprometida en el servicio a los pobres y siempre atenta al sentir de la Iglesia, puede ayudarnos a encontrar caminos de compromiso para con las personas, grupos y pueblos que sufren hoy y en el próximo futuro las consecuencias de la pandemia.

2.- Una carta de ayer que podemos releer hoy

Encontramos en la correspondencia de Santa Luisa de Marillac varias cartas dirigidas a Sor Bárbara Angiboust. Entre las que le dirigió a Brienne, a donde había sido enviada para atender a las víctimas de las guerras, encontramos la escrita el 11 de junio de 1652, que transcribo casi por completo (C. 410):

… En nombre de Dios, queridas Hermanas, no se desanimen por sus trabajos ni por pensar que no tienen más consuelo que el de Dios. ¡Ah! si supiéramos los secretos de Dios cuando nos pone en tal estado, veríamos que debería ser éste el tiempo de nuestros mayores consuelos. ¡Pues qué! Ven ustedes cantidad de miserias que no pueden socorrer; Dios las ve también… Lleven con ellos sus penas, hagan todo lo posible por ayudarles en algo, y permanezcan en paz.

Es posible que ustedes tengan también su parte de necesidad, y ese ha de ser su consuelo, porque si estuvieran ustedes en la abundancia, sus corazones no podrían soportarlo viendo sufrir tanto a nuestros (Señores) y Amos… Si la bondad de Dios no nos expone a las miserias más grandes, démosle gracias por ello, y estemos persuadidas de que es sólo su misericordia, sin ningún otro mérito…

El señor Vicente, nuestro muy Honorable Padre, y el señor Portail están bien de salud gracias a Dios, y también todas nuestras queridas hermanas. La mayoría de las de los alrededores de París se han visto obligadas a refugiarse, pero gracias a Nuestro Señor no han recibido ningún daño ni disgusto hasta ahora.

… Lo que Dios pide actualmente de ustedes, queridas Hermanas, es una gran unión y tolerancia mutua, y que trabajen juntas en la obra de Dios, con gran mansedumbre y humildad; que lo que ocurra entre ustedes, no salga más allá, para que sirvan de edificación a todo el mundo. Le ruego, Sor Bárbara, que como ya tiene usted edad y está gastada, si ve que Sor Juana tiene demasiado trabajo, sin que usted pueda aliviarla, le busque ayuda, porque ahora no podemos mandársela. Nos vemos obligadas a hacer lo mismo en esta ciudad, donde hay parroquias en las que se cuentan cinco mil pobres, a los que se les da la sopa. En nuestra parroquia damos a dos mil, sin contar los enfermos…

La lectura de esta carta hace aflorar en nosotros espontáneamente expresiones que durante las últimas semanas hemos pronunciado o escuchado y que, si es posible, podríamos comentar en nuestro grupo o comunidad.

Subrayemos algunas de estas expresiones y tratemos de descubrir en ellas sugerencias para nuestro compromiso.

3.- Nuestro compromiso a la luz de la experiencia de Santa Luisa

Escribe Santa Luisa “Ven ustedes cantidad de miserias que no pueden socorrer… Lleven con ellos sus penas, hagan todo lo posible por ayudarles en algo y permanezcan en paz“.

La magnitud de los efectos de la pandemia, como nos ha recordado el Papa y como afirman cuantos han escrito sobre el tema en estos días, supera las fuerzas de una familia, de un municipio, de un país o de un continente. Requiere la participación y el compromiso de todos y cada uno.

Este es el tiempo favorable del Señor, que nos pide no conformarnos ni contentarnos y menos justificarnos con lógicas sustitutivas o paliativas que impiden asumir el impacto y las graves consecuencias de lo que estamos viviendo. Este es el tiempo propicio de animarnos a una nueva imaginación de lo posible con el realismo que solo el Evangelio nos puede proporcionar. El Espíritu, que no se deja encerrar ni instrumentalizar con esquemas, modalidades o estructuras fijas o caducas, nos propone sumarnos a su movimiento capaz de “hacer nuevas todas las cosas” (Ap 21, 5) (Francisco. Un plan para resucitar).

Voy a intentar en estas páginas formular algunas propuestas para nuestro compromiso como Familia Vicenciana a la luz de la experiencia de Santa Luisa de Marillac.

            3.1.- Com-padecer e interceder

Afirma Santa Luisa: Ven ustedes cantidad de miserias que no pueden socorrer; Dios las ve también…

Los miembros de la Familia Vicenciana sabemos de la importancia que tiene, para todo servicio, conocer de cerca el sufrimiento de nuestros hermanos, con nuestros propios ojos. No con la mirada del estudio sociológico, económico o demográfico, sino con la mirada del buen samaritano, que no puede continuar impasible su propio camino.

El Papa Francisco nos ha invitado en varias ocasiones a ponernos de rodillas ante los hermanos que sufren: contemplar al que sufre, estando nosotros de rodillas, nos ofrece la perspectiva adecuada para llegar a padecer con él, com-padecer.

Como creyentes, nuestro com-padecer se eleva hacia Dios, que ve y conoce también el sufrimiento, y se hace intercesión. La intercesión es el primer servicio que podemos prestar a cuantos sufren las consecuencias de la pandemia. Y es el servicio que no podemos dejar de prestar, ya que está al alcance de todo creyente, sea cual sea la situación de salud, edad, lugar o condición.

Com-padecer implica también, para los miembros de la Familia Vicenciana, participar de alguna forma en el sufrimiento de las víctimas. Afirma Santa Luisa: Es posible que ustedes tengan también su parte de necesidad, y ese ha de ser su consuelo. Muchos de nosotros participamos en nuestra propia familia o comunidad, entre nuestros allegados, de las consecuencias de la pandemia. Pero todos hemos de exigirnos alguna participación solidaria con quienes sufren directamente a causa de esta crisis: renunciando no sólo a lo superfluo sino a parte de lo necesario para contribuir a que quienes lo han perdido todo puedan encontrar mejores condiciones de vida. Y es que, como advierte Santa Luisa, no sería coherente que viviéramos en la abundancia y en la comodidad viendo sufrir tanto a nuestros (Señores) y Amos…

3.2.- Cercanía, acogida, escucha, ternura

La complejidad de las dimensiones de la crisis provocada por el coronavirus va a exigir la adopción de medidas de gran envergadura, a nivel internacional y a nivel local. Pero exige igualmente cercanía, capacidad de acogida y de escucha, con el bálsamo de la ternura.

Afirma Santa Luisa que el tiempo de grandes sufrimientos puede llegar a ser el tiempo de nuestros mayores consuelos.

Para los miembros de la Familia Vicenciana, la cercanía, la acogida, la escucha, la ternura… son disposiciones largamente experimentadas en el servicio a los pobres. Los sufrimientos derivados de la pandemia requieren sin duda una intensificación de estas actitudes, porque las llagas a curar son más profundas y el dolor más persistente.

Santa Luisa de Marillac vivió la cercanía, la acogida, la escucha, la ternura con las personas que fue encontrando en su camino: con su esposo y con su hijo, en primer lugar; con las jóvenes y niñas en la escuela; con las Hijas de la Caridad; especialmente, con los pobres a los que sirvió personalmente en la cárcel, en las parroquias, en las distintas formas de desvalimiento de su tiempo.

3.3.- Práctica del cuidado y atención integral a cada persona

Desde las intuiciones de San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac, la persona y su cuidado integral (corporal y espiritual, en su lenguaje) ocupan el centro de la misión de cada cristiano, y específicamente de los miembros de la Familia Vicenciana.

Hoy se utiliza la expresión “práctica del cuidado” para describir el conjunto de atenciones que requiere la persona: sanitaria, psicológica, humana, espiritual, familiar, sacramental… La perspectiva del cambio sistémico resume en el término “holístico” la totalidad de las dimensiones que han de ser contempladas en la promoción de las personas, de los pueblos y de la transformación de la realidad global para un mundo nuevo justo y equitativo.

El Papa Francisco, en su plan para resucitar, retoma el concepto de civilización del amor:

La globalización de la indiferencia seguirá amenazando y tentando nuestro caminar… Ojalá nos encuentre con los anticuerpos necesarios de la justicia, la caridad y la solidaridad. No tengamos miedo a vivir la alternativa de la civilización del amor, que es una civilización de la esperanza: contra la angustia y el miedo, la tristeza y el desaliento, la pasividad y el cansancio. La civilización del amor se construye cotidianamente, ininterrumpidamente. Supone el esfuerzo comprometido de todos. Supone, por eso, una comprometida comunidad de hermanos.

Compromiso de todos y atención integral a toda persona guiaron la vida de Santa Luisa de Marillac. En colaboración con San Vicente de Paúl, animó y acompañó a diversos grupos de personas, especialmente mujeres, en campos y ciudades para que se implicaran en el servicio de los pobres. Y la atención corporal y espiritual están presentes en todas las obras que emprendió y en los reglamentos que escribió para su funcionamiento.

3.4.- Colaboración con personas, grupos e instituciones                  

Hacer frente a las enormes consecuencias derivadas de la pandemia sólo será posible desde una colaboración de instituciones públicas y privadas, de los diversos grupos sociales y asociaciones y de todas las personas.

Hoy, más que nunca, la colaboración de los grupos de la Familia Vicenciana y la colaboración en la Iglesia y como Iglesia con otros grupos y asociaciones, y no el heroísmo altruista de solitarios intrépidos, podrá hacer visibles los signos del Reino de Dios en medio del mundo sacudido por la pandemia.

La tradición vicenciana está llena de buenas prácticas de colaboración a todos los niveles. La Iglesia nos invita hoy a sumar nuestras fuerzas y recursos, cada uno según nuestras posibilidades. Santa Luisa recuerda a las Hermanas de Brienne: hagan todo lo posible por ayudarles en algo, y permanezcan en paz. Y pide a Sor Bárbara que busque ayuda de otras personas, ya que el trabajo en el servicio a los pobres es superior a sus fuerzas.

3.5.- La esperanza más fuerte que la muerte

El Papa Francisco, al proponernos su plan para resucitar, aborda la crisis de esperanza que acompaña a la crisis provocada por la pandemia:

Como las primeras discípulas que iban al sepulcro, vivimos rodeados por una atmósfera de dolor e incertidumbre que nos hace preguntarnos: “¿Quién nos correrá la piedra del sepulcro?” (Mc 16, 3). ¿Cómo haremos para llevar adelante esta situación que nos sobrepasó completamente? El impacto de todo lo que sucede, las graves consecuencias que ya se reportan y vislumbran, el dolor y el luto por nuestros seres queridos nos desorientan, acongojan y paralizan. Es la pesantez de la piedra del sepulcro que se impone ante el futuro y que amenaza, con su realismo, sepultar toda esperanza.

Santa Luisa de Marillac, cuando escribía a sus Hermanas, las motivaba para superar sus debilidades con la invitación a contemplar a Jesucristo, el Señor Crucificado, que es también el Señor Resucitado, el Señor de la Caridad, que invita: “aprended de mí” y también “venid, benditos de mi Padre…

Añade el Papa Francisco:

Cada vez que tomamos parte de la Pasión del Señor, que acompañamos la pasión de nuestros hermanos, viviendo incluso la propia pasión, nuestros oídos escucharán la novedad de la Resurrección: no estamos solos, el Señor nos precede en nuestro caminar removiendo las piedras que nos paralizan. Esta buena noticia hizo que esas mujeres volvieran sobre sus pasos a buscar a los Apóstoles y a los discípulos que permanecían escondidos para contarles: “La vida arrancada, destruida, aniquilada en la cruz ha despertado y vuelve a latir de nuevo”. Esta es nuestra esperanza, la que no nos podrá ser robada, silenciada o contaminada.

Los seguidores de Cristo, el Señor Resucitado, no podemos resignarnos ante las situaciones de pobreza ni acostumbrarnos a ellas, ni mucho menos justificarlas con reflexiones fatalistas (“siempre ha habido pobres y siempre los habrá”… “el mundo es como es”…). Nos corresponde ser instrumentos de esperanza: promover la vida, la dignidad de las personas, brindar motivos para la superación, abrir sendas para una nueva justicia y fraternidad.

Como concluye el Papa Francisco:

En este tiempo de tribulación y luto, es mi deseo que, allí donde estés, puedas hacer la experiencia de Jesús, que sale a tu encuentro, te saluda y te dice: “Alégrate” (Mt 28, 9). Y que sea ese saludo el que nos movilice a convocar y amplificar la buena nueva del Reino de Dios.

Conclusión

En su carta a las Hermanas de Brienne, Santa Luisa les recuerda que en las circunstancias que están viviendo de tanto dolor y sufrimiento a su alrededor, lo más importante es vivir su vocación con autenticidad: Lo que Dios pide actualmente de ustedes, queridas Hermanas, es una gran unión y tolerancia mutua, y que trabajen juntas en la obra de Dios, con gran mansedumbre y humildad.

Cada uno de nosotros, miembros de la Familia Vicenciana, hemos abrazado nuestra vocación en respuesta a la llamada de Dios. Nuestra vocación comporta una forma de vida, con sus virtudes propias y características. Somos conscientes de la actualidad de nuestra misión al servicio de los pobres y la urgencia de responder a quienes sufren los efectos de la pandemia. ¡Vivamos con autenticidad lo que somos! ¡Actualicemos la radicalidad de nuestro compromiso con Dios en el trabajo con los pobres y por los pobres, por los que más sufren hoy!

Luisa de Marillac, mujer comprometida, transparencia de Dios, muy cerca del que sufre: tus huellas nos inspiran (Himno en su honor).

Corpus Juan Delgado, c.m.
Celebración de Santa Luisa 2020

El doctor Gálvez, el miedo y el deber

(publicado en Diocesis de Malaga. 08/04/2020: 1130)
El Dr. Gálvez con algunos de sus nietos
 

Todos tenemos miedo. Hobbes decía de sí mismo: “Mi querida madre dio a luz gemelos: a mí y al miedo”. Es una afirmación universal, general, en la que no caben excepciones, salvo por peligrosas patologías.

¿Qué mejor prueba que las duras y esperanzadoras imágenes de enfermeros y auxiliares exhaustos, monjas con mascarilla llevando comida a los pobres, o capellanes sanitarios voluntarios?

La panoplia de temores puede ser incalculable. Puedo padecer miedos innatos o sufrir miedos adquiridos. Puedo temer a la oscuridad o a las cucarachas, al fuego o a la muerte, a hablar en público o a contraer el COVID-19. Y los grados, infinitos, desde una ligera inquietud hasta un pánico paralizante. Depende de cada cual, y de la circunstancia de cada cual, pues siempre hay un polo subjetivo (yo) y un polo objetivo (lo que me atemoriza): todo bascula en función de mi percepción del peligro (o de lo que considero como tal) y del bagaje de recursos de los que dispongo (aquí sería menos metafórico hablar de panoplia, que literalmente es colección ordenada de armas). La combinatoria puede ser ilimitada, pero nunca igual a cero, porque todos, sin excepción, le tenemos miedo a algo.

Gálvez Ginachero, a pesar de su talante imperturbable y de su fama de cirujano capaz y preciso, también sufrió miedos. Precisamente la enorme responsabilidad de su profesión (que a diario le hacía bregar con algo tan frágil como la salud y la vida de sus pacientes), y su intensa empatía hacia los demás, le provocaba una desazón que explica su dedicación incansable a sus enfermos y su máxima concentración –y a veces brusquedad con sus colaboradores- durante las operaciones.

En una de sus historias clínicas (4/7/1894) escribió respecto de su intervención para extirpar un fibroma uterino: “(el tumor) estaba fuertemente adherido y con una base bastante ancha. Después de tentativas repetidas, largas e infructuosas, me apercibí con terror de que se había perforado la matriz”. La rápida reacción de Gálvez, que describe a continuación en la misma historia clínica, le permitió superar este contratiempo y a los pocos días lograr el alta la paciente. Pero lo que me interesa destacar es, además de la humildad en dejar testimonio escrito de su fallo, el reconocimiento de su propia debilidad. La comprometida situación de aquella paciente le había producido “terror”.

También tuvo miedo las dos veces que le detuvieron, especialmente la segunda. Lo reconoce posteriormente en una entrevista que le hicieron unos periodistas: sintió auténtico pánico.

“A fines de agosto (1936) vino una patrulla de la F.A.I. con una orden de prisión contra mí, firmada por el gobernador civil de la provincia. En seguida me puse a la disposición de los milicianos y me llevaron a donde iban los detenidos más temibles: al Colegio de Salesianos de San Bartolomé, donde la F.A.I. había instalado uno de sus cuarteles. Está ese convento o colegio precisamente en el barrio que yo visitaba todos los días para rezar ante María Auxiliadora. El vecindario me conocía mucho, y me apreciaba bastante, y yo veía las caras de espanto que ponían los obreros del barrio al ver que me llevaban conducido y detenido. Este hecho hizo tranquilizarme en grado sumo. Perdí todo el pánico que en un principio tuve y adquirí un aplomo extraordinario para hablar ante el comité de faistas”.

Acusado de ser un burgués “parásito”, su defensa fue la exposición de su esfuerzo cotidiano: “Llevo ya cuarenta años trabajando en mi profesión, procurando atender a todo el mundo, y principalmente a los obreros. Vosotros lo sabéis bien. Y vosotros mismos, estoy seguro que no habéis trabajado tanto por servir al pueblo como yo, porque entre los domingos, los días de fiesta, la jornada de ocho o menos horas y las huelgas que con frecuencia tenéis, es bien poco lo que trabajáis al año. En cambio yo, como todos los médicos, trabajamos diariamente, sin tener horas de jornada, sin percibir horas extraordinarias y sin descansar los domingos ni días festivos”.

En solo seis minutos –contó Gálvez a los periodistas- se decidió la sentencia: sería liberado. Nadie consideró la posibilidad de imputarle ningún delito. La única discusión fue qué miliciano le llevaría de nuevo de regreso a casa. Al final se encargó de ello el propio jefe de la patrulla que le había detenido, llevándole en coche de vuelta a su hogar, desde aquel cuartel/santuario.

Por tanto, la cuestión no es vivir en un nirvana desinfectado de temores (lo cual es, o escapista, o utópico); la tarea no es evitar el miedo, sino re-accionar, sobre-ponerse a él. No es lo mismo tener miedo que ser un cobarde, porque, como bien distingue José Antonio Marina, son fenómenos que pertenecen a niveles distintos: el miedo es una emoción, la cobardía es un comportamiento.

Naturalmente, vencer el miedo no es una opción meramente voluntarista. Sería demasiado fácil poder alejarse de uno mismo cuando el miedo literalmente te “a-tenaza”. Suele citarse al valeroso mariscal Turenne que antes de entrar en batalla, al sentirse temblar de miedo, se dijo: “¿Tiemblas, osamenta? Más temblarías si supieras donde voy a meterte”. Este distanciamiento para lograr perspectiva, esta voluntaria bipolaridad, a veces funciona, a veces no.

El verdadero recurso, cuando falla el razonamiento, el ánimo, la vergüenza, la evitación del castigo, la motivación del premio… radica en asumir el “deber”, en el que hemos hecho pivotar nuestra dignidad. El deber, que en el caso del cristiano, es el amor. El cura pecador, alcohólico y cobarde de El poder y la gloria de Graham Greene, finalmente decide no huir por atender a un moribundo, y es ejecutado. La monja pusilánime de los Diálogos de carmelitas de Bernanos, pudiendo escapar, finaliza el Veni Creator y ofrece su cabeza a la guillotina; pues, como dice la madre Teresa de San Agustín al pie del cadalso, “el amor saldrá siempre victorioso. Cuando se ama, se puede todo”. Incluso Rieux, el esforzado médico de La peste de Camus, desde la increencia se arriesga al contagio, por cumplir su deber sanitario y por pura filantropía.

Esta Semana Santa, tan peculiar por el COVID-19, no será sin embargo distinta en su esencia y su mensaje: el recuerdo vivo del Hijo de Dios que padeció, que sintió angustia y miedo hasta sudar sangre, que sufrió muerte, horrible muerte de cruz… pero que con su ejemplo nos mostró el auténtico camino para vencer al miedo; y, por Él y en Él, para derrotar hasta a la misma muerte. ¿Qué mejor prueba que las duras y esperanzadoras imágenes de enfermeros y auxiliares exhaustos, monjas con mascarilla llevando comida a los pobres, o capellanes sanitarios voluntarios?