Ha muerto Sebastián Rivas Briales

Hemos tenido conocimiento con gran tristeza del fallecimiento de Sebastián Rivas Briales, otra víctima de este enemigo invisible y mortal que nos ha confinado en nuestras casas y nos ha impedido incluso asistir al funeral de nuestro amigo.

Sebastián fue durante varios años vocal de la Asociación Gálvez Ginachero por la Adoración Nocturna, y se esforzó con gran acierto y éxito en la difusión de la vida y obra del Siervo de Dios, coadyuvando con la causa de beatificación, como marcan sus Estatutos. Dejó paso a Félix Valiñani en este oficio de vocal, por poder atender mejor a su esposa enferma y que hoy es la principal perjudicada del fallecimiento de Sebastián, junto con su querida hija.

Porque Sebastián, que mantuvo una gran actividad hasta el final, sabía que la Adoración Nocturna, sus visitas a los enfermos de la parroquia de los Mártires para llevarles la Comunión, o las tareas de la Asociación Gálvez, tenían que realizarse sin perjuicio de la debida y preferente atención a su esposa. Dio ejemplo de lo que debe ser un verdadero matrimonio cristiano, donde la mutua ayuda y entrega, la donación al otro, hace visible y realiza una auténtica iglesia doméstica.

Sebastián era un auténtico caballero español, y sus principios firmes nunca eclipsaron su entrega bondadosa a los demás, y ni siquiera su buen humor. Solíamos bromear él y yo cuando yo le admiraba su gran capacidad y actividad, y él alegaba su avanzada edad. –“Bueno, yo por ahora me encuentro muy bien, pero tengo más de 80 años, así que hasta que Dios me llame”. Yo le respondía: -“Entonces, Vd. siempre descuelgue, y así Dios, si le llama, le encontrará comunicando”. Nos reíamos.

Ahora sí que Dios le ha llamado junto a Él. Este adorador nocturno podrá adorarle ya eternamente, al lado de su admirado Gálvez Ginachero, haciendo realidad la promesa reservada para quienes como Sebastián se entregaron por todos nosotros: “Venid, benditos de mi Padre…”

Francisco García Villalobos
Secretario de la Asociación Gálvez Ginachero

Gálvez contra las enfermedades contagiosas

 

 

(Publicado en Diocesis Málaga)

Desde muy pronto, y a nivel nacional, se estimó el compromiso de Gálvez para la lucha contra las enfermedades infecto-contagiosas.

Un oficio que le dirigió la Junta Provincial de Sanidad el 22 de agosto de 1899 señalaba que se había acordado aumentar el número de vocales de la misma conforme a “las instrucciones que deben observar los Gobernadores de provincia para prevenir el desarrollo de una epidemia o enfermedad contagiosa, y en su virtud me permito invitar a V. por si tiene a bien honrar con su presencia este Despacho, concurriendo a las Sesiones que dicha Junta celebra todos los días impares a las nueve de la noche. Dios guíe a V. m. años”. Gálvez tenía en aquel momento 33 años. Era Doctor en Medicina desde los 24, y trabajaba en el Hospital Civil desde 1893. Formaría parte de estas instituciones de prevención hasta su muerte en 1952.

Siendo todavía estudiante en Granada, en 1885 ya había podido observar de primera mano los terribles efectos de la epidemia de cólera que se cebó con aquella ciudad. A pesar de las fumigaciones de Bobadilla, esta epidemia penetró en Málaga, con especial incidencia en Vélez-Málaga, Archidona, Álora y Cuevas de San Marcos. En nuestra capital, diariamente morían personas en el barrio de la Trinidad.

A falta de vacuna adecuada, las epidemias se desencadenaban irremediablemente. Así, durante la invasión de la gripe mal llamada española de 1918-19 (que se cobró 1500 vidas en Málaga), y dada la imposibilidad de determinar la verdadera etiología de esta enfermedad, algunos médicos mostraron su convencimiento de que no se podía disponer de un medicamento verdaderamente específico. González Álvarez señalaba que para la gripe “tratamiento patogenético-etiológico no lo hay ni lo puede haber, porque se desconoce el germen único específico” ante lo cual “las indicaciones que pueden hacerse no son más que de índole general, de activar las defensas orgánicas y mantener las energías vitales”. Como ha estudiado Mª Isabel Porras Gallo, no sólo se recurría al suero antineumocócico, sino también al suero antidiftérico para combatir las bronconeumonías gripales; pero ante su ineficacia fueron utilizados “antipiréticos, sudoríficos, tónicos, excitantes, baños, purgantes, desinfectantes, aireación sana, dieta sana e incluso la sangría, adoptando cada médico su propia combinación terapéutica”.

Por su parte Gálvez, célebre por su defensa a ultranza de la asepsia, constantemente defendió medidas higienistas, y, ante la impotencia de la medicina de laboratorio, predicó como mejor profilaxis colectiva la prevención: siempre consideró que la mejora de los servicios básicos (conducciones de agua potable, canalización de alcantarillado, etc.) eran la mejor defensa ante enemigos contra los que no se dispusiera aún del arma definitiva, la vacuna adecuada. Pero entonces, como hoy, la ineficacia de algunas autoridades sanitarias y la inconsciencia de algunos particulares menoscababan los esfuerzos a veces heroicos de los profesionales. Resultan demasiado actuales las palabras del abogado y escritor Narciso Díaz de Escovar publicadas en 1903: “muchas de estas asoladoras pestes que la tradición nos relata se agigantaron por descuido de los más o por el amor propio de obstinados que no veían o no querían ver el contagio para no confesar el error que existía en opiniones vertidas públicamente con harta ligereza. En esas epidemias se grabaron eternamente rasgos de abnegación, que contrastaban con las negligencias de autoridades poco celosas del bien público y desconocedoras de higiénicos preceptos que oportunamente aplicados hubieran evitado tan horribles catástrofes”.

En particular, en cuanto a la tuberculosis, Gálvez se quejaba amargamente de que “los visitantes cada año más numerosos que acuden a Málaga durante el invierno atraídos por la dulzura de clima y por la justa fama de hospitalarios que gozan sus habitantes, observan con extrañeza que los hoteles albergan de ordinario un número harto mayor de lo que debería ser de enfermos tuberculosos en todos los períodos, que sin traba ni cortapisa de ninguna especie habitan en los departamentos que les place, comen en la sala general, escupen por doquier, toman café y esparcen puntas de cigarro allí donde les coge y finalmente son perfectos y acabados modelos de infracción a las reglas de higiene y propagandistas inconscientes del más mortífero o insidioso de los agentes patógenos. Y lo más desagradable del caso es que hasta ahora por nada ni por nadie se ha emprendido ninguna obra de defensa, a pesar de que el mal nos amenaza cada día más de cerca y nos arrebata amigos, parientes, obreros en lo más florido de sus juventudes, madres que empezaban a crearse una familia, niños llenos de esperanza y de vida, y en los cuarteles, en las fábricas, en los conventos, en las escuelas y en todas partes el mal se ceba arrancándonos miles de existencias”.

En 1943, Gálvez tenía 77 años. El  27 de noviembre, en un solemne acto celebrado en el Hospital Civil, se le impuso la Cruz de Beneficencia de Primera Clase. La prestigiosa Orden Civil de la Beneficencia había nacido casi un siglo atrás, en 1856, para premiar la caridad y el esfuerzo de los que se habían destacado especialmente en el auxilio a los infectados por la epidemia de cólera morbo asiático. De sus modalidades, la de primera clase –la que recibió Gálvez– conllevaba el uso de la placa y podía concederse a aquellos que prestaran servicios extraordinarios de caridad. La insignia consistía en una estrella con remates en globillos de oro. Esmaltada en blanco, en su centro circular mostraba superpuesta la representación de la caridad con la figura de una matrona que acoge a dos niños, con una orla con la inscripción Fortitudo – Charitas – Abnegatio (Fortaleza – Caridad – Abnegación). Realmente era la distinción más apropiada para la persona que se caracterizó toda su vida por el esfuerzo en la prevención de las epidemias, y por su caridad para quienes sufrían sus devastadoras consecuencias.

Señor Dios nuestro, que concediste a tu siervo José Gálvez Ginachero, Doctor en Medicina y Ginecólogo, innumerables dones que ejercitó con esfuerzo durante su vida, de modo que nos dejó un ejemplo de ideal cristiano en las variadas facetas de sus actividades como padre de familia, cirujano y hombre público, sostenido por una profunda fe en la Eucaristía y por una gran devoción mariana, supo unir su ciencia médica con el ejercicio de su profesión y la atención a los más necesitados, siempre abierto a toda acción benéfica, fue propulsor de varias de ellas.
Concédenos por su intercesión la gracia que ahora te pedimos (hágase la petición) y haz que nuestra Santa Madre Iglesia, a la que él amó fielmente, acredite públicamente su santidad.
Por Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amen.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Fallece Kathleen Appler, superiora general de las Hijas de la Caridad

Con la discreción que es propia de la Sencillez que debe caracterizarnos, ha pasado medio desapercibida la muerte de nuestra Superiora General, el pasado 18 de Marzo si bien la causa de su muerte ha sido la enfermedad que fué diagnosticada y tratada desde hace año y medio. Pero la coincidencia con la crisis provocada por el famoso virus, no solo explica que no haya sido noticia, sino que en su fallecimiento, ella ha compartido la suerte de todos los que han dejado esta vida sin la compañía física de sus familiares que, lógicamente, no podían desplazarse desde Estados Unidas en estas circunstancias.

Nosotras, Hijas de la Caridad, gracias a las Comunicaciones vía internet, hemos podido participar a distancia en las liturgias -sin público- que se han organizado, como la de Mons. Francisco Pérez, Arzobispo de Pamplona, en la Ermita San Fermín, retransmitida en directo por el Canal de Youtube de la Parroquia de San Lorenzo.

Dada la vinculación de Don José Gálvez Ginachero con las Hijas de la Caridad, he visto oportuno publicarlo  en esta web, segura de que, Sor Kathleen y él, seguirán compartiendo su afan de ayudar a los que quedamos aún en esta vida y, en especial, a los más desfavorecidos. Es lo que ambos hicieron en su caminar por el mundo en épocas distintas.

Y convencidos, hoy más que nunca, de nuestra fragilidad, yo pido su intercesión en favor de todos nosotros, desde los científicos y los que rigen la cosa pública, hasta todos los que ejecutan los cuidados de salud o los diferentes servicios necesarios para sobrevivir y superarar la crisis en el mejor de los sentidos, es decir, aprendiendo de todo lo que nos está suponiendo esta extraña situación.

Cecilia Collado
Hija de la Caridad

Gálvez, médico y alcalde en medio de la epidemia de peste bubónica

Inauguración de un comedor escolar para 200 niños por el alcalde de Málaga, José Gálvez Ginachero, en 1926

Málaga, marzo de 1923. La prensa malagueña denuncia la aparición de una epidemia maligna en la ciudad.

Las autoridades son conocedoras de que se trata de un grave brote de peste bubónica, pero ocultan esta información y tratan por todos los medios de silenciar la noticia, temiendo las terribles consecuencias económicas que la declaración de la enfermedad acarrearían a Málaga.

Finalmente, las autoridades sanitarias gubernativas actúan y la ciudad, y, lo que era aún más grave, el puerto, son declarados “sucios”.

Esta declaración conlleva el inmediato cierre del puerto, paralizando el comercio. Finalmente, desde el Gobierno Civil, en abril de 1923, se inician las oportunas campañas sanitarias, y se obliga al Ayuntamiento a la declaración oficial de la peste en Málaga. En octubre de 1923, mes en el cual José Gálvez Ginachero es nombrado alcalde, la sombra de la peste todavía se cierne sobre la ciudad. Y aunque la epidemia se erradique, la paralización del tráfico marítimo deja en una situación angustiosa a la capital.

Es evidente que una de las razones para la elección de Gálvez como alcalde, y la aprobación entusiasta de su nombramiento por todas las clases sociales, fue su decidida (y en muchas ocasiones heroica) actuación en las sucesivas epidemias que asolaron Málaga a fines del siglo XIX y principios del XX (señaladamente el cólera y la gripe).

El propio gobernador General Cano, representante del Directorio, decía en un telegrama fechado el 7 de octubre de 1923 al subsecretario de la Gobernación que “el sacrificio hecho por el doctor Gálvez, de aceptar con el beneplácito de Málaga entera la alcaldía, debe inspirar la confianza en la sanidad en esta capital”.

Y ciertamente, como han estudiado especialmente Juan María Lamas y Mari Pepa Lara, durante sus tres años como alcalde, hasta su dimisión en 1926, José Gálvez orientó con todas sus fuerzas la política municipal a una labor social sin precedentes: intervención decidida en las condiciones higiénico-sanitarias, particularmente con la canalización de las aguas y el alcantarillado; mejora global de los establecimientos hospitalarios de Málaga, y creación de otros nuevos; intensas campañas de vacunación; construcción de barriadas de protección oficial (entre otras la “ciudad jardín”); y en general cuantas acciones dictaban su ciencia y su conciencia para cuidar la salud de sus connvecinos.

Gálvez Ginachero había heredado una ciudad llena de miseria social y económica, sin confianza en sí misma y con gran temor por el inmediato futuro; y en vez de ensimismarse en ideologías o favorecer a los de su propia clase social (sin hablar de las donaciones que realizó para diversas acciones municipales, en lugar de lucrarse), trató de crear un municipio más solidario, y tuvo la valentía de afrontar los problemas desde su raíz: invirtiendo grandes sumas para el bienestar de los malagueños, y dotando a los pobres y desfavorecidos de las más elementales infraestructuras sanitarias. Ningún alcalde anterior había llegado tan lejos en políticas sociales.

Hoy, cien años después, desgraciadamente nos encontramos de nuevo con la ciudad asolada por una epidemia. Para todos nosotros es una situación absolutamente inédita, que nos ha devuelto con una bofetada de realidad la conciencia de nuestra enorme fragilidad, precisamente en Cuaresma.

Pero el ejemplo de Gálvez, científico y creyente, se reproduce en las acciones esforzadas de todo el personal sanitario malagueño que nos atiende, muchas veces sin medios suficientes para su propia protección, hasta la extenuación. Nuestra gratitud y nuestra oración para que Dios les aliente en su tarea y sobre todo para que aleje de nosotros esta enfermedad que se ceba especialmente con nuestros mayores.

Como nos pide el Obispo Mons. Catalá en su Carta Pastoral Vivir la fe inmersos en la pandemia, “rezamos por las personas que están sirviendo a la población desde sus puestos de trabajo, de manera especial por los médicos y el personal sanitario. Rezamos por quienes tienen la responsabilidad de las decisiones, por las fuerzas de seguridad, por quienes desempeñan su trabajo en estos días como servicio a la comunidad, por los padres que se desviven cuidando a su familia, sobre todo a los niños que viven desconcertados esta situación”.

Y ojalá que el Siervo de Dios Gálvez Ginachero, que tan sensible fue durante su vida terrena con los sufrimientos de las enfermas y enfermos de nuestra ciudad, nos contagie con su ejemplo y nos sirva de modelo para intentar devolver, cada uno en la medida de nuestras posibilidades, la salud física y espiritual y la esperanza a nuestros hermanos.

Oración para pedir por la pronta beatificación de José Gálvez Ginachero

Señor Dios nuestro, que concediste a tu siervo José Gálvez Ginachero Doctor en Medicina y Ginecólogo, innumerables dones que ejercitó con esfuerzo durante su vida, de modo que nos dejó un ejemplo de ideal cristiano en las variadas facetas de sus actividades como padre de familia, cirujano y hombre público, sostenido por una profunda fe en la Eucaristía y por una gran devoción mariana, supo unir su ciencia médica con el ejercicio de su profesión y la atención a los más necesitados, siempre abierto a toda acción benéfica, fue propulsor de varias de ellas. 

Concédenos por su intercesión la gracia que ahora te pedimos (hágase la petición) y haz que nuestra Santa Madre Iglesia, a la que él amó fielmente, acredite públicamente su santidad.

Por Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amen.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Francisco García Villalobos

Un vicentino ejemplo del buen samaritano

Artículo sobre Gálvez en el Boletín de la Sociedad de San Vicente Paúl
(Para verlo a pantalla completa, pulse aquí)

María de la Cruz Salazar primera matrona numeraria de la diputación provincial de Málaga

MariaCruzSalazarEl pasado día 29 de junio 2018, se representó “Historia de la Salud” en el cementerio histórico de San Miguel de Málaga, una visita teatralizada organizada por “Eventos con Historia” una empresa dirigida por Eduardo Nieto, y que se dedica a la animación y teatralización de eventos. En esta ocasión se representaron diversas escenas teatralizadas, donde actores daban vida a importantes personajes del mundo de la sanidad malagueña. Entre ellos, la actriz Inmaculada Márquez dio vida de forma magistral, a la matrona María de la Cruz Salazar, y el actor José Luis Zumaquero García, también de forma brillante, al Dr. Gálvez Ginachero.

Según consta en el Reglamento del Colegio Provincial de Matronas de Málaga de 1925, la maternidad provincial del Hospital Civil S. Juan de Dios de Málaga era la institución benéfica por excelencia y a ella acudían las indigentes que además de serlo, pudieran demostrarlo, mediante la inscripción en el Padrón de Beneficencia de los municipios de la provincia.

Las matronas que trabajaban para la Beneficencia Municipal de Málaga, asistían gratuitamente a domicilio los partos de las mujeres más humildes, siempre que el parto fuera normal; en el caso de existir complicaciones, debían avisar al médico, que podría atender a la parturienta el mismo, o disponer su traslado al Hospital Civil.

Las clases altas eran atendidas en las consultas privadas de los médicos tocólogos; las clases medias eran asistidas en sus domicilios por médicos generales o matronas privadas; y las clases pobres, en el caso de tener alguna complicación, se veían obligadas a acudir a los hospitales de beneficencia como el Hospital Civil Provincial. En Málaga se da el caso que este hospital era dirigido y asistido por los mismos médicos de reconocida fama en la asistencia privada, como el Dr. Gálvez Ginachero.

Durante una gran parte de este periodo histórico (1890-1940), el Dr. Gálvez Ginachero estuvo como Jefe y Director de la Maternidad malagueña. En la salas del hospital podían asistir los partos los médicos, las matronas de servicio, o las alumnas de la escuela de matronas. En el caso de que el parto lo realizara una alumna, siempre era supervisado por la matrona numeraria, por lo que en el registro en la historia clínica obstétrica siempre figuraba la matrona.

Entre los años cuarenta y cincuenta del siglo XX el servicio de maternidad del Hospital Civil de Málaga atendió el 40,5% de los partos que se realizaban en Málaga capital. De la mayoría de los partos realizados en el hospital, durante la primera mitad del siglo XX, un 78,4% eran realizados por las matronas. La estancia media hospitalaria en general de una parturienta en la maternidad del Hospital Civil era de unos 12 días. Este parámetro estaba relacionado con la procedencia de la gestante, en concreto dependía de si la embarazada era de origen rural, urbano o transeúnte y cuando era la matrona la que atendía el parto, el 93,7% de las mujeres cursaban sin fiebre.

A la vista de estos datos, que denotan un importante y progresivo aumento en el número de partos atendidos en la maternidad de Hospital, y unos excelentes resultados sanitarios, se entiende el gran índice de popularidad y el prestigio alcanzado por la Maternidad del Hospital Civil, las matronas y por el Dr. Gálvez entre las futuras madres de Malaga y su provincia, y en la sociedad malagueña en general, durante estos años.

En 1948 se creó la Escuela Especial de Matronas del Hospital Civil de Málaga, bajo la dependencia jerárquica de la Dirección General de Enseñanza; fue el Dr. José Gálvez Ginachero, el fundador de esta escuela de matronas. En 1949 D. José escribió el prólogo al libro “Obstetricia para Matronas” del Dr. Orengo Díaz del Castillo, y en él da a entender cuál es su idea de los conocimientos que debe adquirir una matrona en su formación práctica:

“… desarrollar la parte científica con la suficiente extensión para que sea fácil hacerse cargo de lo que se trata de inculcar, sin necesidad de aprenderlo de memoria, y la parte práctica… los detalles indispensables para que haya la concordancia necesaria entre lo leído y lo visto, que es, a mi juicio, lo que necesita todo el que va a aprender una técnica”.

  1. José Gálvez comprendió la importancia de la formación especializada, y la necesidad de contar en Málaga con matronas que fueran profesionales de gran formación y experiencia práctica, para que realizaran labores de enseñanza en su nueva escuela del Hospital Civil. Las Hijas de la Caridad no tenían permitido atender partos. Por ese motivo ofreció esta misión a personas de su total confianza que ya habían trabajado anteriormente con él mismo en el hospital madrileño de Santa Cristina y que fue inaugurado por los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia en 1924, bajo el nombre de Escuela de Matronas y Casa de Salud Santa Cristina, para la asistencia de mujeres y la enseñanza de matronas.

Según consta en los archivos de la Diputación provincial de Málaga, en los años treinta, se contrató a matronas expertas para realizar funciones docentes en la Escuela de matronas de Málaga. En la partida presupuestaria de la Escuela de Matronas del año 1931 se consigna la contratación de una matrona, María de la Cruz Salazar, procedente de Bilbao, “… con las condiciones precisas de idoneidad y práctica”, para prestar servicio en la Escuela de Matronas de la maternidad provincial del Hospital Civil, con un sueldo de 2.000 pesetas anuales.

Con estas condiciones económicas, y con una plaza fija en la diputación provincial, viene a Málaga Doña María de la Cruz Salazar, la primera matrona y la primera mujer numeraria con una plaza en esta institución malagueña. En la revista Anales de la Diputación, es donde aparece publicado su nombre como la única mujer, entre un largo listado de médicos y practicantes hombres también numerarios, que formaban el parte del personal facultativo de la beneficencia provincial, presididos por el decano y director del hospital y de los servicios de maternidad y ginecología, D. José Gálvez Ginachero.

Esta gran profesional, dedicó toda su vida a la enseñanza en la escuela de matronas del Hospital Civil; al jubilarse, se le hizo una gran fiesta de reconocimiento en el Hospital Noble de Málaga, y finalmente volvió al País Vasco, su tierra, donde falleció.

Silvia Dolores García Barrios

 

Reunión de asociaciones pro-beatificación

Juan Manuel Buergo,Presidente de la SSVP , Cecilia Collado, HC y Leticia Chaves, Delegada de la SSVP en Andalucía, ante el Busto del Dr. Gálvez. Tras una reunión en el Obispado con miembros de la As. Pro Beatificación y de la Pastoral de la salud, en la que están colaborando en otros lugares y dispuestos a hacerlo en Málaga cuando llegue el momento oportuno.

Anécdota curiosa:      El busto se lo dedicaron cuan do aún vivía y, al fijarse en la inscripción, Don José exclamó, cómo que «consagró su vida» ¡si aún estoy vivo!, (convencido de que  pensaba seguir haciéndolo. Y así fue.)

Visita virtual a la Exposición «Vida y obra de D. José Gálvez Ginachero» en 2015.

 

(Visita Virtual tamaño completo.)

Visita virtual a la Exposición que tuvo lugar en la sala de exposiciones de la Casa hermandad de la Cofradía del Sepulcro que realizó una retrospectiva singular sobre la Vida y Obra de D. José Gálvez Ginachero en los diferentes aspectos de su trayectoria. La Exposición contó con una afluencia de visitantes inesperada y por eso se nos pidió que se pudiera realizar virtualmente para todas aquellas personas interesadas en conocer la figura histórica de D. José Gálvez y que no pudieron desplazarse hasta el centro de Málaga en esos días. Para usuarios de Tablet o Móviles, no será posible acceder a la exposición en Alta definición, deben utilizar la pantalla "muestra previa"

 

 

Cuenta tu recuerdo sobre Gálvez Ginachero

Con motivo de la exposición sobre la vida y obra del Dr. Gálvez, el viernes 27 de febrero a las 20.00 horas se celebró una Mesa redonda en la Casa Hermandad del Sepulcro.
exposicion04

 

A esta mesa redonda estuvieron invitados todas las personas que conserven recuerdos de este ilustre malagueño. Estas historias constituyen un interesante documento para el mérito de la causa de beatificación del Dr. Gálvez Ginachero.
“La palabra la tuvieron los asistentes al acto, escuchamos los testimonios que conservan muchas familias malagueñas de sus recuerdos, historias y anécdotas en relación con D. José Gálvez” explican los organizadores del acto. El moderador de la mesa fue el bibliotecario de la Diputación de Málaga y pregonero de la Semana Santa de 2005, Manuel Molina Gálvez.

exposicion02
Exposición «Vida y Obra de Don José Gálvez Ginachero»
El pasado viernes 20 de febrero se presentó la exposición «Vida y obra de Don José Gálvez Ginachero» en la que se hace un recorrido por la vida y la obra de Don José Gálvez Ginachero –actualmente en proceso de beatificación- a través de documentos, fotografías y objetos personales de su vida cotidiana que hasta ahora nunca se habían mostrado.

exposicion03
Más de 120 fotografías, inéditas en su mayoría –en la primera de ellas tenía solo 5 años- nos ayudarán a entender la vida y la obra de este insigne malagueño, al que le tocó vivir dos repúblicas, una guerra civil y el estallido de dos guerras mundiales fuera de nuestras fronteras. Objetos personales, como sus características lentes, condecoraciones, cuadernos de notas, instrumentos médicos… Incluso se ha recreado con todo detalle una dependencia de la antigua Maternidad donde trabajó tantos años.

Fuente: www.diocesismalaga.es

Nuevos Miembros de la Comisión de la Causa de los Santos

El Sr. Obispo, D. Jesús Catalá, ha recibido el juramento y la profesión de fe de los nuevos miembros de las Comisiones Históricas en las causas de beatificación de los Siervos de Dios Moisés Díaz-Caneja Piñán y compañeros (Causa de Martirio), y del Siervo de Dios José Gálvez Ginachero (Causa de Virtudes Heroicas). 

Durante el acto, el Sr. Obispo, D. Jesús Catalá, recordó a los asistentes la importancia del servicio a la Iglesia y a la misma historia que van a realizar los nuevos miembros. Asimismo, el prelado les agradeció que hayan aceptado los nombramientos.

Al acto, presidido por el prelado malagueño, asistieron José María de las Peñas Alabarce, Federico Cortés Jiménez (Juez delegado de la causa del Dr. Gálvez), Diego Martínez Salas, Rafael Gómez Marín, Marion Reder Gadow, Pedro Luis Pérez Frías y Antonio Eloy Madueño Porras (juez delegado de la causa de los mártires).